Joan Manuel Serrat vuelve a dejar una de esas reflexiones que conectan de forma inmediata con varias generaciones. A sus 82 años, el cantautor no solo mantiene intacta su lucidez, sino también una mirada especialmente crítica sobre cómo la sociedad interpreta el paso del tiempo. Su frase, directa y sin rodeos, resume una sensación compartida por muchos mayores: “No me he dado cuenta de que soy viejo, me he dado cuenta por los demás”.
El artista, autor de canciones que forman parte de la memoria colectiva, ha abordado la vejez con naturalidad, pero también con cierta incomodidad hacia los estereotipos que la rodean. Lejos de un discurso derrotista, Serrat defiende una actitud activa ante esta etapa vital. En sus palabras, la edad no implica retirarse del mundo ni renunciar a la propia identidad.
“No me he dado cuenta de que soy viejo”
Serrat sintetizó su visión con una mezcla de serenidad y determinación. “Tengo 82 años y pienso seguir haciendo cosas en defensa de mi familia, de mi pueblo y, sobre todo, en defensa propia”, afirmó. Una declaración que rompe con la idea de pasividad asociada tradicionalmente a la vejez. El compositor reivindica además el valor de la duda frente a las certezas absolutas, una constante en su trayectoria personal y artística. “He tenido dudas, pero mejor tener dudas que certezas absolutas”, explicó, subrayando que el aprendizaje no desaparece con los años.
Su reflexión más comentada, sin embargo, aparece al hablar de la percepción externa del envejecimiento. Serrat reconoce que no ha sido un proceso interior, sino algo que ha identificado a través del trato y las expectativas de los demás. Especialmente cuando se le insiste en escribir sus memorias, una propuesta que rechaza de plano.
Crítica a cómo la sociedad trata a los mayores
El cantautor también ha mostrado una postura muy clara sobre el papel que se otorga a las personas mayores. En declaraciones a la BBC, describió una realidad que considera preocupante, la tendencia social a “jubilar obligatoriamente” no solo del trabajo, sino también de la vida pública. Serrat denuncia que, con frecuencia, la jubilación viene acompañada de una pérdida simbólica de visibilidad. “Se le retira también el derecho a ser visible y se acaba convirtiendo en un ser invisible”, señaló, apuntando a una forma de exclusión silenciosa pero persistente.
Lejos de resignarse, su mensaje insiste en la necesidad de afrontar esta etapa con sensatez y optimismo. No porque vaya a ser mejor, advierte, sino porque la actitud condiciona directamente la forma en que se vive. Una reflexión que trasciende la figura del artista y toca una cuestión social cada vez más relevante sobre cómo convivir con la longevidad en una sociedad que aún no ha aprendido a mirarla sin prejuicios.
