Fernando Alonso ha explicado que una de sus mayores virtudes como piloto nació, paradójicamente, de una limitación económica. Cuando era niño y competía en karting en Asturias, su familia no podía permitirse varios juegos de neumáticos. Mientras otros pilotos cambiaban a gomas específicas cuando empezaba a llover, él debía continuar utilizando las mismas ruedas de seco con las que había comenzado el fin de semana.
“Desde pequeño he tenido solamente un kart y un juego de neumáticos”, ha recordado. En Asturias, donde la lluvia aparecía con frecuencia, aquella circunstancia podía parecer una desventaja enorme. Alonso veía cómo sus rivales montaban neumáticos preparados para evacuar agua mientras él tenía que adaptarse, reducir errores y encontrar agarre donde aparentemente no existía.
La falta de dinero le regaló una habilidad
Competir así obligó al asturiano a desarrollar sensibilidad desde muy joven. Con neumáticos de seco sobre una pista mojada, cualquier aceleración brusca, frenada tardía o movimiento agresivo podía terminar en un trompo. Alonso tuvo que aprender a interpretar la adherencia, modificar las trazadas y utilizar el volante y los pedales con una precisión que otros niños no necesitaban todavía.
La familia realizaba un esfuerzo importante para mantenerlo compitiendo. El karting nunca fue una actividad barata y cada juego adicional suponía un gasto difícil de asumir. Por eso había que aprovechar el material disponible, reparar lo necesario y continuar. Aquella escasez no garantizaba el éxito, pero sí obligaba a Fernando a encontrar soluciones constantemente cuando las condiciones se complicaban.
La lluvia dejó de ser un problema
Con los años, esa experiencia terminó apareciendo en su pilotaje profesional. Alonso se ha convertido en uno de los pilotos más reconocidos por su capacidad para rendir cuando la pista cambia, aparece agua y resulta difícil conocer dónde existe agarre. Él mismo relaciona esa habilidad con aquellas carreras infantiles en las que no podía elegir los neumáticos adecuados.
La historia también recuerda que su trayectoria no comenzó con todos los recursos disponibles. Antes de los títulos, los contratos millonarios y la Fórmula 1 hubo una familia intentando sostener un deporte costoso y un niño obligado a competir con lo que tenía. Alonso aprendió a transformar una limitación en aprendizaje. Mientras otros podían resolver la lluvia cambiando ruedas, él tenía que resolverla conduciendo mejor. Décadas después, sigue considerando que aquella necesidad permanece dentro de su manera de pilotar. Lo que entonces parecía una desventaja económica terminó proporcionando una experiencia que ningún juego nuevo de neumáticos podía comprar.
