Extremadura, a medio camino entre Madrid y Lisboa, entre Toledo y Coímbra, entre Sevilla y Salamanca, es, a pesar de todo, la gran desconocida. O, mejor dicho, lo era para nosotros; hasta nuestra “aventura extremeña”, la inmersión en sus paisajes urbanos y rurales; en su desconocida lengua de origen galaicoportugués; en sus extraordinarios testimonios monumentales que explican una milenaria y riquísima historia; y en su particularísima cultura gastronómica y enológica.

Esto es lo que hemos ido a “descubrir” a Extremadura, en un viaje-aventura que tenía el objetivo de romper los falsos mitos que han estigmatizado, injustamente, aquella tierra y aquella sociedad. Y podemos decir que el objetivo que nos habíamos fijado lo hemos cumplido sobradamente. En nuestra “aventura extremeña” hemos descubierto que Extremadura es una sociedad viva, que se explica mucho más allá de los mitos del latifundismo y del caciquismo divulgados a través de los documentales o del cine.

En el siguiente viaje iremos al País Véneto. ¡Apúntate aquí y no te lo pierdas!

Primera jornada. Barcelona-Madrid-Trujillo-Càceres.

La primera jornada la invertimos en el viaje hasta Extremadura. En tren rápido hasta Madrid y en un autocar privado para nuestro grupo hasta Trujillo y hasta Cáceres, que sería el campo base de nuestra “aventura extremeña”. En Trujillo comimos, en la antigua sala capitular de un convento medieval convertido en Parador de Turismo, y allí vivimos nuestra primera inmersión en la cultura gastronómica extremeña. Por la tarde, en Cáceres tuvimos la primera toma de contacto con la ciudad.

1. Cáceres. Cedida Santi Such
1. Cáceres. Cedida Santi Such

Cáceres es, a primer golpe de vista, austera en extremo, hasta el punto de que parece malhumorada. Pero es una primera impresión que, enseguida, se demuestra falsa. Su plaza Mayor, las calles y callejuelas de la parte histórica y su catedral nos explicaron la historia de una ciudad que, desde el siglo XIII, se había hecho lentamente a partir de la actividad de los grandes rebaños trashumantes de la Edad Media. Sus tocinerías tradicionales nos mostrarían el nervio económico histórico de su sociedad.

Segunda jornada. Mérida. La vieja “Emerita Augusta” romana.

2. Mérida. Font Marc Pons
2. Mérida. Fuente: Marc Pons

La segunda jornada la destinamos a conocer Mérida. La vieja “Emérita Augusta” había sido – con Tarraco e Híspalis – una de las tres ciudades más pobladas de la península durante la época romana. Sus 40.000 habitantes impulsaron la construcción de grandes edificios como el Teatro, el Anfiteatro o el Circo, que, desafiando el desgaste del tiempo, se nos presentaron, altivos e impertérritos, para explicarnos cómo entendían el ocio aquellas sociedades antiguas y qué hemos heredado nosotros de aquella cultura de ocio.

3. Mérida. Cedida Montse Garcia Cirera
3. Mérida. Cedida Montse Garcia Cirera

Mérida, capital política, cultural e histórica de Extremadura, es conocida por su patrimonio romano. Pero no es solo eso. En nuestro particular descubrimiento de la ciudad, nos adentramos en las galerías subterráneas del alcázar árabe y penetramos en la penumbra de la basílica de Santa Eulalia, uno de los templos cristianos más antiguos de la península. Mérida se nos mostró, también, como una ciudad viva, con una arquitectura tradicional que mezcla los estilos costero portugués y de la “campiña” andaluza.

Tercera jornada. Monasterio de Guadalupe.

Guadalupe era uno de los platos fuertes de nuestra “aventura extremeña”. Porque el monasterio de Guadalupe no es, tan solo, el refugio donde se retiró a morir Carlos de Gante. Sería también el escenario donde, años antes, se firmaría una paz – la Sentencia Arbitral – que resultaría decisiva para la historia de Catalunya, porque abriría las puertas de nuestro país hacia la modernidad. En Guadalupe, el rey Fernando el Católico y los síndicos remensas impulsaron el país hacia la modernidad.

4. Guadalupe. Cedida Elvira Permanyer
4. Guadalupe. Cedida Elvira Permanyer

Pero Guadalupe no es tan solo el monasterio. El pueblo medieval que surgió alrededor del monasterio es, actualmente, una joya arquitectónica. Sus calles y callejones, sus plazas y plazuelas; sus casonas adornadas con soportales sostenidos por viejos y robustos cabrios de madera ennegrecida por el paso del tiempo; sus casas de fachada rojiza de ladrillo cocido; y sus casitas de ventanas imposibles, algunas donde justo pasa la cabeza de una persona, nos hicieron transitar por el túnel del tiempo y de los sueños.

Cuarta jornada. Trevejo y el valle del Jerte.

5. San Martin de Trevejo. Cedida Pere Galofré
5. San Martín de Trevejo. Cedida Pere Galofré

La cuarta jornada de nuestra “aventura extremeña” nos sumergiría en el mundo más rural y tradicional de Extremadura. Nuestra primera etapa fue Trevejo, un pueblo de tan solo treinta habitantes, al pie de montaña de la sierra de Gredos, que separa las dos “mesetas” ibéricas. Trevejo nos ofreció una visión nostálgica de una época dorada de grandes rebaños de ovino. Y nos ofreció, también, una cata de productos tradicionales de la tierra, fabricados artesanalmente por los vecinos, a base de embutidos, queso, aceite y vino.

8. Valle del Jerte. Cedida Rosa Massagué
8. Valle del Jerte. Cedida Rosa Massagué

La siguiente etapa fue San Martín de Trevelho, un pueblo de 1.000 habitantes, para tener un contacto directo con la fala (la forma local de la lengua gallega, que remonta su existencia a la reconquista cristiana). San Martín también nos mostró su urbanismo de calles de montaña surcadas por el medio para desaguar los muchos arroyos que atraviesan el pueblo. Después de esta sorprendente experiencia, nos dirigimos al valle del Jerte para contemplar la sucesión inacabable de bancales de cerezos.

9. Trevelho. Cedida Rosa Massagué
9. Trevelho. Cedida Rosa Massagué

Quinta jornada. Plasencia y Trujillo.

Plasencia es “la otra capital” de la Alta Extremadura. Y como Cáceres, parece una ciudad austera y malhumorada. Pero, enseguida, nos ofreció su verdadera cara, la de una ciudad melancólica de grandes edificios medievales y renacentistas; de calles y plazas que son refugios de paz; que unos y otros – casas y calles – ven pasar el tiempo mientras añoran épocas pasadas de esplendor. Y esto es lo que nos llevamos de Plasència, esta impagable tranquilidad que te invita a una inevitable reflexión.

6. Plasencia. Cedida Pere Galofré
6. Plasencia. Cedida Pere Galofré

La segunda parte de aquella jornada la dedicamos a conocer, más profundamente, Trujillo. La habíamos “probado” a la llegada. Pero, durante la quinta jornada, nos sumergieron en la ciudad de los “conquistadores” y alma gemela de Plasencia, que con sus grandes edificios y sus amplias calles y plazas —todo construido y pavimentado con la misma piedra— ve pasar el tiempo con un punto de tristeza que, a los ojos de quien la conoce por primera vez, la hace absolutamente deliciosa.

7. Trujillo. Font Marc Pons
7. Trujillo. Fuente: Marc Pons

Sexta jornada. Parque de Monfragüe-Madrid-Barcelona.

La sexta y última jornada la destinamos a sumergirnos en el mundo natural. Más allá de los pastos de Trevejo o de los bancales de cerezos del valle del Jerte, Extremadura nos quería ofrecer una inmersión en un paisaje absolutamente salvaje: el Parque de Monfragüe, reserva de especies naturales protegidas, especialmente aves como la cigüeña negra o el buitre negro, que pudimos contemplar a través de los puntos de observación habilitados y con la inestimable conducción de una empresa de guías de la naturaleza.

El Parque de Monfrague nos ofreció una de las mejores experiencias gastronómicas de nuestra “aventura extremeña”. En un restaurante repetidamente galardonado por su cocina y situado en una zona absolutamente aislada en medio de las “dehesas” del parque, disfrutamos de un menú degustación que era un compendio de la gastronomía tradicional extremeña transportada hasta la actualidad. Una fantástica experiencia que sería la clausura a una extraordinaria experiencia de descubrimiento.

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Experiencias El Nacional son viajes únicos diseñados, creados e impulsados gracias a la colaboración de un triángulo esencial: Marc Pons, articulista, historiador, diseñador del itinerario y profesor-acompañante del grupo; Viatges Viñolas, responsable de la gestión de servicios y seguimiento diario del viaje; y ElNacional.cat, impulsor y difusor del proyecto.