Eric Garcia tiene un refugio de verano muy distinto a los destinos más habituales entre futbolistas. Mientras Ibiza y Formentera concentran yates, beach clubs y villas de lujo, el defensa del Barça prefiere volver a Santa Pau, en la Garrotxa, un pequeño pueblo medieval al que está unido desde la infancia y donde encuentra precisamente lo que busca cuando termina la temporada: calma, naturaleza y desconexión.
Según ha contado el propio futbolista en sus redes sociales, su familia ya lo llevaba allí cuando era pequeño. Ese vínculo explica por qué sigue regresando ahora que vive rodeado de estadios, aeropuertos y focos. Santa Pau no es solo un sitio bonito para pasar unos días, sino un lugar asociado a recuerdos familiares y a una rutina mucho más sencilla que la que exige el fútbol profesional.
Santa Pau parece detenido en el tiempo
El municipio se encuentra en pleno Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa y está rodeado de uno de los paisajes más singulares de Catalunya. Bosques, antiguos volcanes y caminos rurales forman un entorno ideal para caminar sin prisa y desconectar del ruido. A poco más de una hora de Barcelona, el cambio de escenario es prácticamente total.
El casco antiguo creció alrededor de un castillo medieval del siglo XIII y conserva calles estrechas, soportales y construcciones de piedra que mantienen una atmósfera muy especial. Pasear por allí permite entender por qué Eric lo considera un refugio. No hace falta buscar grandes planes: buena parte del atractivo está precisamente en bajar el ritmo y dejar que sea el paisaje quien marque el día.
Un verano lejos del lujo y cerca de sus recuerdos
Santa Pau también ofrece una gastronomía muy ligada al territorio. Los famosos fesols de Santa Pau son uno de sus productos más reconocidos, y los restaurantes de la zona mantienen una cocina tradicional que encaja con ese ambiente rural y pausado.
Para Eric Garcia, sin embargo, el verdadero lujo parece estar en otra parte. Volver al pueblo que conoció de niño significa recuperar una sensación de normalidad difícil de encontrar durante la temporada. Allí puede caminar, estar con la familia y alejarse durante unos días de la presión competitiva. Mientras otros futbolistas buscan anonimato viajando lejos, Eric lo encuentra mucho más cerca. Santa Pau reúne historia, naturaleza y recuerdos personales en un mismo lugar. Un rincón medieval de la Garrotxa que demuestra que, para desconectar de verdad, no siempre hace falta cruzar medio mundo.
