Durante décadas hubo una idea que parecía incuestionable, como que llegar a la jubilación con la vivienda pagada era una de las mejores decisiones financieras posibles. Sin embargo, cada vez más economistas especializados en patrimonio están señalando que, en determinados casos, mantener la misma casa durante toda la jubilación puede dejar de ser la opción más eficiente.
Y es que una situación se repite con frecuencia. Muchas personas mayores viven todavía en viviendas que compraron cuando convivían con hijos y necesitaban más espacio. Pisos grandes, varias habitaciones, más metros y gastos pensados para otra etapa de la vida. El problema aparece cuando esa vivienda deja de ajustarse a las necesidades reales y empieza a consumir una parte importante del presupuesto mensual.
El ahorro no está en vender, sino en gastar menos cada año
La realidad es que el argumento principal no suele ser obtener dinero rápido, sino reducir costes fijos. Una vivienda más pequeña suele implicar menos gastos de comunidad, menor recibo del IBI, menos consumo energético y menos mantenimiento.
De este modo, algunos economistas hablan de infrautilización del patrimonio, ya que tener gran parte del patrimonio concentrado en una vivienda que ya no aporta utilidad equivalente al coste que genera. En muchos casos, el cambio permite liberar recursos sin renunciar a seguir siendo propietario. Además, existe un detalle fiscal que muchos desconocen. En España, los mayores de 65 años pueden vender su vivienda habitual sin tributar en IRPF por la ganancia patrimonial obtenida, siempre que se cumplan los requisitos establecidos para esa exención.
Qué hacen muchos jubilados con el dinero que liberan
Eso permite que algunas personas vendan una vivienda grande, compren otra más pequeña y conserven una parte del capital para complementar ingresos o ganar tranquilidad financiera. Ese dinero suele destinarse a reforzar el ahorro, afrontar gastos futuros, ayudar a hijos o nietos o simplemente mejorar calidad de vida durante la jubilación.
Eso sí, los especialistas también recuerdan que no es una decisión universal. Hay viviendas muy eficientes, costes bajos o situaciones familiares donde mantener la casa sigue teniendo todo el sentido. Así pues, el debate ya no gira tanto en torno a vender o no vender. La pregunta que cada vez más economistas hacen a muchos jubilados es otra: si realmente siguen viviendo en la casa que necesitan hoy o en la que necesitaban hace veinte años.
