Cada 31 de mayo, el Día Mundial Sin Tabaco recuerda una cifra que sigue siendo demoledora: en España el tabaco causa más de 50.000 muertes anuales y continúa siendo una de las principales causas de enfermedad prevenible. Pero, más allá del dato, en la comunidad científica se consolida una idea que está reordenando el debate sobre cómo combatir el tabaquismo.
El enemigo es la combustión
El consenso es cada vez más nítido en un punto: lo que mata no es la nicotina, sino la quema del tabaco. La propia Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) lo afirma sin matices: son los miles de sustancias químicas contenidas en el tabaco y su humo —y no la nicotina— las que provocan los efectos graves para la salud, como las enfermedades pulmonares mortales y el cáncer; y los productos combustibles, los que queman tabaco, son los más dañinos.
La explicación es química. Al encender un cigarrillo, se inicia una reacción a temperaturas que pueden superar los 800 °C en la punta, un proceso que genera más de 6.000 sustancias, de las cuales un centenar se han identificado como causantes o posibles causantes de enfermedades como el cáncer de pulmón, la enfermedad cardiovascular y el enfisema. Es esa combustión, no el principio activo que buscan los fumadores, la responsable de la mayor parte del daño. El Royal College of Physicians británico, una de las instituciones médicas más prestigiosas del mundo, concluyó en su revisión de evidencia que el vapeo, a corto y medio plazo.
Los países que avanzan más rápido
Dia mundial sin tabaco: por qué Suecia o Reino Unido reducen el tabaquismo más rápido que España
Sobre esta evidencia, varios países han combinado el control clásico del tabaco con el acceso a alternativas sin combustión, y los resultados son llamativos. El caso más citado es Suecia. Según el perfil de la Global State of Tobacco Harm Reduction, en 2022 el país tenía la menor prevalencia de tabaquismo de Europa, con un 5,8%, y se ha convertido en el primer país europeo en alcanzar el umbral de "país sin humo", con un consumo diario por debajo del 5% (). La diferencia no está en consumir menos nicotina, sino en su forma: el país ha apostado por el snus y las bolsas de nicotina, productos sin humo. Estudios de población independientes han asociado durante años el uso de snus en Suecia con niveles comparativamente bajos de enfermedad relacionada con el tabaco frente al resto de Europa.
En Reino Unido, la prevalencia de tabaquismo adulto cayó del 20,2% en 2011 al 10,6% en 2024, una reducción casi a la mitad que siguió de cerca el auge del vapeo; de hecho, en 2024, por primera vez en 50 años de registros, más adultos británicos vapeaban que fumaban. El programa público Swap to Stop, que ofrece kits de vapeo a fumadores, mostró en datos recientes una tasa de abandono a las cuatro semanas del 34,3% entre quienes recibieron un kit. Japón ofrece otra vía: la del tabaco calentado. En la década posterior a su introducción, las ventas de cigarrillos cayeron un 52%, con 12,9 millones de usuarios de estos dispositivos en 2022. Y Nueva Zelanda, que promueve el vapeo como herramienta de cesación, vio acelerarse su descenso del tabaquismo hasta el 6,8% en 2023.
España: estancada en torno al 20%
Frente a estos ejemplos, España avanza más despacio. La Encuesta de Salud de 2023 sitúa el tabaquismo diario en el 13,3 % de las mujeres y el 20,2 % de los hombres. Aunque 2024 marcó el menor consumo en tres décadas, más del 20% de la población adulta sigue fumando a diario. El debate público, a menudo, no distingue entre productos con perfiles de riesgo muy distintos.
