La justicia ha ratificado como despido procedente la expulsión de una cajera que permitió y colaboró en el fraccionamiento de una única compra en 17 tiques diferentes. El objetivo era aplicar de forma indebida 18 cupones de descuento, saltándose la normativa interna de la empresa y provocando un perjuicio económico que apenas alcanzaba los 85 euros.
La clave del fallo judicial reside en la transgresión de la buena fe contractual. Aunque la defensa de la trabajadora alegó que desconocía la prohibición de fraccionar compras para multiplicar descuentos, el tribunal ha sido tajante: no hace falta un documento específico que prohíba el sentido común en el puesto de trabajo. Para los magistrados, colaborar en una maniobra tan evidente para beneficiar a una compañera supone un abuso de confianza y una desobediencia grave.
La cantidad no es lo relevante
Muchos empleados creen que, si el daño económico a la empresa es pequeño, el despido puede ser anulado. Sin embargo, en este caso, la justicia ha dejado claro que la cuantía del robo o fraude es irrelevante. Lo que se castiga no es la pérdida de los 85 euros, sino la ruptura total de la confianza. Una vez que un empleado utiliza su posición para burlar las reglas en beneficio propio o ajeno, la relación laboral se considera rota de forma irreversible, validando la decisión de la empresa de prescindir de sus servicios.

Además, la sentencia subraya que no es necesario que la trabajadora obtuviera un beneficio personal directo para que el despido sea procedente. El simple hecho de facilitar que otra persona defraude a la empresa mediante el uso masivo de cupones ya constituye una infracción de la lealtad exigible a cualquier cajero o dependiente. La justicia advierte así que la solidaridad entre compañeros no puede pasar por encima de las normas de facturación y cobro, especialmente cuando se manipula el sistema de forma tan sistemática como en este caso de los 17 fraccionamientos.
El control de los cupones es total
Las empresas han reforzado sus sistemas de auditoría interna y cualquier anomalía en el patrón de cobro salta de forma automática en los servidores centrales. El empleado debe entender que el sistema de descuentos es una concesión comercial, no un terreno para la picaresca, señalan los expertos. El riesgo de perder un contrato indefinido por un ahorro de menos de cien euros es un reisgo que nadie debería correr.
Así pues, la picaresca en el punto de venta tiene ahora un castigo avalado por los tribunales. Si trabajas de cara al público, recuerda que las reglas sobre promociones y cupones son de obligado cumplimiento y que su manipulación es motivo de despido fulminante.