La lectura es uno de los grandes hitos del aprendizaje infantil, pero no ocurre de forma automática ni uniforme en todos los niños. El pedagogo y neuroeducador David Bueno recuerda que solo alrededor del 60% de los niños está preparado para aprender a leer a los cinco años, una afirmación que cuestiona la presión educativa temprana y subraya la importancia de respetar los ritmos madurativos. Desde la pedagogía y la neurociencia se insiste en que aprender a leer no es solo una cuestión de edad cronológica, sino de desarrollo cerebral, emocional y cognitivo.
Del nacimiento a los cinco años: cómo aprende el cerebro infantil
Desde el nacimiento hasta los cinco años, el aprendizaje del niño se basa fundamentalmente en la experiencia sensorial, el movimiento, el lenguaje oral y el vínculo afectivo. En los primeros años de vida, el cerebro se organiza a partir de la interacción con el entorno: tocar, explorar, imitar, escuchar y jugar son las principales vías de aprendizaje. Durante esta etapa se desarrollan funciones esenciales como la atención, la memoria, el control inhibitorio y el lenguaje, que más adelante permitirán aprendizajes más complejos.

Entre los dos y los cinco años, el niño consolida el lenguaje oral, amplía su vocabulario, mejora la comprensión verbal y comienza a reconocer sonidos, ritmos y patrones. Estas habilidades son la base de lo que se conoce como conciencia fonológica, un requisito imprescindible para aprender a leer. Sin embargo, no todos los cerebros alcanzan el mismo nivel de maduración al mismo tiempo. Como señala David Bueno, forzar el aprendizaje lector cuando estas estructuras aún no están listas puede generar frustración, desmotivación e incluso rechazo hacia la lectura.
Cuándo se aprende a leer y qué habilidades son necesarias
Desde una perspectiva pedagógica, la edad promedio para aprender a leer se sitúa entre los seis y los siete años, momento en el que la mayoría de los niños ya ha desarrollado las habilidades necesarias. Entre ellas destacan la conciencia fonológica, la coordinación visomotora, la memoria de trabajo, la atención sostenida y la capacidad de asociar símbolos gráficos con sonidos. También es fundamental un adecuado desarrollo emocional, ya que la seguridad y la motivación influyen directamente en el aprendizaje.
David Bueno insiste en que aprender a leer antes no implica aprender mejor. De hecho, muchos niños que no están preparados a los cinco años lo están plenamente uno o dos años después, sin que ello suponga ninguna desventaja académica a largo plazo.

Pasados los cinco años, además de la lectura, el niño adquiere otros aprendizajes clave: mejora su capacidad de razonamiento lógico, desarrolla el pensamiento abstracto, aprende a planificar, a autorregularse emocionalmente y a comprender normas sociales más complejas. Estos avances permiten un aprendizaje más profundo y significativo.
Desde la pedagogía actual, el mensaje es claro: respetar los ritmos individuales no retrasa el aprendizaje, lo fortalece. La lectura, cuando llega en el momento adecuado, se convierte en una experiencia placentera y sólida, base de todo el aprendizaje posterior.