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Durante la baja Edad Media (siglos X a XV), Flandes sería la gran fábrica europea del textil de lujo. Compraba lana en Castilla, en Portugal, en Inglaterra y en Escocia; y la transformaba en la ropa que lucían las clases privilegiadas de todo el continente. Incluso, las oligarquías de las sociedades que les proveían de materia prima. Y esta tradición emprendedora generó una balanza comercial más que favorable, que convertiría Flandes en uno de los países más ricos del continente.

Una riqueza que se transformaría en poder político —el condado independiente de Flandes— y que se perpetuaría en forma de testimonios urbanísticos y arquitectónicos —Brujas, Gante, Amberes— y de una riquísima cultura gastronómica y enológica —es el país con más de 200 tipos diferentes de cerveza—. Y más de 20 de chocolate. Pero, detrás de la traza de las casas y de las calles de su ciudad, que inspira el decorado de un cuento infantil, también es un país con una cicatriz importante—. Los Campos de Flandes fueron uno de los escenarios más mortíferos de la I Guerra Mundial.

En los siguientes viajes iremos a Escocia y a Apulia. ¡Apúntate aquí y no te lo pierdas!

Cuando el río Escalda se acerca a la desembocadura y forma un majestuoso delta, Flandes deja paso a Zelanda, el país de los molinos de viento, de los pólderes y de la voluntad de los hombres y de las mujeres para controlar el mar. Zelanda, que también formó parte de nuestra “descoberta”, se nos mostró como aquella tierra atractivamente misteriosa, dominada por los cielos de colores nítidos y definidos, y por llanuras deltaicas, algunas ganadas por el río que, durante milenios, ha vertido sus sedimentos, y otras por la acción y la determinación humana.

Todo esto es lo que fuimos a “descubrir”.

1. Brujas. Puente sobre el canal. Cedida Manuela Vila

Brujas

Brujas fue nuestro campo base. Y le dedicamos dos días a “descubrirla”. En Brujas no solo recorrimos las calles y plazas de la parte histórica (Grote Markt, Vlamling Straat, Maria Straat, etc.), sino que nos “perdimos” por aquellas callejuelas más alejadas del bullicio que, también, explican la historia de la ciudad y las conexiones con nuestro país. Fuimos hasta Carmer straat, hoy un remanso de paz, de casas de cuento, situado entre el canal y el río, para revivir los pasos de aquellos catalanes del siglo XIV que establecieron el primer consulado de mar fuera de la cuenca mediterránea.

2. Brujas. Navegación por los canales. Fuente: Marc Pons

La existencia de este consulado explica que Brujas, a finales de la Edad Media, fuera un emporio fabril y comercial importantísimo, que giraba alrededor de su puerto fluvial, construido con un sistema de canales que comunicaban con el río y con el mar. Y no perdimos la oportunidad de revivir aquella época de barcas que desestibaban lana en bruto, frutos secos y armas; y que estibaban tejidos de lujo. Navegamos con una barca que nos “trasladó” a un escenario donde la imaginación nos hacía ver y sentir a los mozos de cuerda, los fabricantes, los armadores, los mercaderes y los revendedores.

3. Brujas. Convento de las Beguinas. Cedida José Luis Marro

Brujas es la ciudad de las “tres torres”: los grandes campanarios de la ciudad que competían para mostrar al mundo cuál era el grupo social local más poderoso: el campanario de los mercaderes (Belfort), el campanario de los nobles (Nuestra Señora) y el campanario de la Iglesia (Catedral). Pero nosotros, después de levantar la vista hasta casi el infinito (Nuestra Señora son 115 metros construidos con ladrillo cocido), la bajamos para “descubrir” las “Beguinas”, un remanso de paz en medio de un pequeño bosque —al límite de la ciudad histórica— que, en la Edad Media, había sido un refugio de mujeres desamparadas.

Los Campos de Flandes e Ypres

4. Cráteres de explosiones de la batalla de Passendale. I Guerra Mundial. Cedida por José Luis Marro

La segunda “descubierta” de nuestra “aventura” la vivimos en los Campos de Flandes y en la ciudad de Ypres. En Passendale, nos adentramos en el escenario de una de las batallas más largas y mortíferas de la I Guerra Mundial (1914-1918). Transitamos por las trincheras, por las galerías subterráneas y por la línea del frente de aquella mortífera batalla. Y por los cráteres producidos por las explosiones —hoy cubiertos por el manto silencioso que ha fabricado la naturaleza— y por los cementerios militares, que forman líneas inacabables de cruces blancas que, como la memoria en el tiempo, se pierden en el horizonte.  

5. Trincheras de la batalla de Passendale. I Guerra Mundial. Cedida Gonçal Mazcuñan

Después de comer en una pequeña y bonita casa de campo, nos dirigimos a Ieper, una ciudad importantísima durante la Edad Media —por su actividad fabril y comercial—, pero que, en la actualidad, rinde un recuerdo permanente a aquella masacre de la I Guerra Mundial. En Ieper, “callejeamos” por la trama urbana medieval; y, a la puesta de sol, fuimos hasta la Puerta de Menin, para contemplar el homenaje —llamado “Last Post” (Última Carta)— que cada día del año desde 1919 se brinda a todos los hombres —de todos los ejércitos— que vieron truncada su joven vida en Passendale.

6. Ieper. Plaza de Grote Markt. Cedida José Luis Marro

Gante

7. Tren Brujas-Gante. Fuente: Marc Pons

Gante fue nuestra tercera “descubierta”. Nos desplazamos en tren desde Brujas (unas cercanías; puntual, rápido, limpio y silencioso en las antípodas de la chatarra de Renfe). Gante era el centro de poder de los condes de Flandes; una estirpe fundada por Balduino “brazo de hierro” – y Judit – bisnieta de Carlomagno – hacia el siglo IX, y que serían los suegros de Wifredo el Velloso – el fundador de la estirpe nacional catalana – y, por lo tanto, los antepasados de nuestros reyes medievales. En Gante, fuimos hasta el castillo de los condes para contemplar la segunda conexión con nuestra historia y con nuestro país.

8. Gante. Castillo de los condes independientes de Flandes. Cedida José Luis Marro

Después de la azarosa historia de Balduino y Judit, Gante se convertiría en un gran centro fabril y comercial medieval. Y eso es lo que, también, fuimos a “descubrir”. Desde el puente de San Miguel contemplamos el histórico puerto fluvial y el escenario que nos brindaba la vista nos transportó, a través del tiempo, al bullicio de barcas, mozos, armadores, fabricantes y mercaderes. ¡Y de cerveceros! Gante, durante la Edad Media, fue una gran productora de cerveza, y la fuerza de su gremio se pondría de manifiesto con la construcción del templo gótico de San Miguel, proclamado patrón de los cerveceros.

9. Gante. Una calle de la parte histórica habilitada a propósito para los grafiteros. Cedida Manuela Vila

Pero lo mejor estaba por llegar. Fue después de comer, en un restaurante del antiguo puerto fluvial, cuando nos dirigimos a la catedral de San Bavón para “descubrir” el Políptico de Gante —también llamado Retablo del Cordero Místico—, una obra maestra de la pintura flamenca medieval y un tesoro artístico mundial. En San Bavón, nos entregaron unos visores para contemplar la evolución de la creación de esta obra en 3D y, siguiendo la ruta del deambulatorio del templo, nos sumergimos en la cotidianidad de aquel siglo XV de los hermanos Van Eyck y de los cientos de pintores que trabajaron a sus órdenes.

Zelanda: el delta del Escalda.

10. Polder Vrouwem. Zelanda. Delta del río Escalda. Fuente: Marc Pons

En nuestra cuarta jornada, nos adentramos en el país de Zelanda (la provincia más meridional de los Países Bajos). Un viaje de 100 kilómetros desde nuestro campamento base de Brujas que nos conduciría a una de las regiones más enigmáticas de Europa: Zelanda, con sus molinos, sus dunas, sus pólderes y sus tierras bajo el nivel del mar. En Zelanda, nuestra primera parada fue en el Delta Projecto, un centro de interpretación que explica la histórica lucha de la sociedad local contra el mar y la construcción de las grandes obras de ingeniería para contener la fuerza de las aguas.

11. Veere. Zelanda. Delta del río Escalda. Restaurante Auberge. Cedida José Luis Marro

Después de esta experiencia nos dirigimos al pequeño pueblo de Veere, construido sobre un brazo de tierra de sedimento transportado por el río. En Veere comimos en un fabuloso restaurante que es una casa tradicional construida en la punta de esta barra, prácticamente sobre el agua. En Veere, como en Brujas o en Pasendale, nos “sumergimos” en la cultura gastronómica del país. Y después callejeamos por un pueblo, totalmente alejado de los grandes centros turísticos de la zona, que ha conservado, maravillosamente, su traza urbanística y arquitectónica tradicionales del país.

12. Middelburg. Zelanda. Cedida José Luis Marro

Nuestra “incursión” en Zelanda culminó en Middelburg, una pequeña ciudad que es la capital del delta del Escalda. Nuestra llegada a Middelburg coincidía con la celebración de un festival de música coral, que se representaba en diversos escenarios esparcidos por la parte histórica de la ciudad. Si Veere nos había explicado la lucha de la sociedad zelandesa contra la fuerza devastadora de las aguas, Middelburg nos explicó la importancia de la V.O.C., la gran compañía colonial privada del siglo XVII que fue la más poderosa del mundo y que llegó a tener 50.000 empleados en nómina.

13. Middelburg. Zelanda. Fuente: Marc Pons

Amberes

Nuestra última “aventura” en el país de Flandes transcurrió en Amberes, conocida como la “capital de los diamantes”. Aun así, a nosotros nos interesaba aquella parte menos conocida y más reveladora de la ciudad más poblada de Flandes. Y al solo llegar nos fuimos al puerto y subimos a un mirador para contemplar el segundo puerto más grande de Europa: más de 100 kilómetros de muelles de embarque. Después de contemplar aquella inmensa masa portuaria, cogimos un tranvía urbano que nos conduciría hasta el centro histórico de la ciudad.

14. Amberes. Grote Markt. Cedida José Luis Marro

Durante aquella mañana “callejeamos” por el centro y recordamos el terrible saqueo de 1568, perpetrado por el duque de Alba y por los Tercios hispánicos, que se saldó con el asesinato de 20.000 civiles (la quinta parte de la población de la ciudad) y con la creación de la siniestra divisa “Furia española”, que pretendía enaltecer aquella masacre. Y nos adentramos en la histórica imprenta cartográfica Plantin-Moretus, que con los Blaeu de Ámsterdam sería una de las dos sucesoras de Abraham Ortelius, el pionero de la cartografía moderna y el gran cartógrafo de la Era de las Navegaciones.

15. Amberes. Histórica Imprenta Cartográfica Plantin Moretus. Cedida José Luis Marro

Pero lo mejor, como nos había pasado en Gante, estaba por llegar. Después de comer en un pequeño restaurante de la parte histórica —y como en las anteriores ocasiones, de “sumergirnos” en la gastronomía y en la enología locales— nos adentramos en la catedral de Amberes, para “descubrir” a Rubens, el gran pintor flamenco del Barroco. La catedral de Amberes es uno de los grandes receptáculos del genial flamenco. Y la contemplación de su depurada técnica y de sus exquisitas formas pondría la “guinda” a nuestra experiencia en los países de Flandes y Zelanda.

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Experiències El Nacional son viajes únicos diseñados, creados e impulsados gracias a la colaboración de un triángulo esencial: Marc Pons, articulista, historiador, diseñador del itinerario y profesor-acompañante del grupo; Viatges Viñolas, responsable de la gestión de servicios y seguimiento diario del viaje, y ElNacional.cat, impulsor y difusor del proyecto.