Cargando...

Tener una nevera antigua no significa automáticamente que el consumo eléctrico se haya disparado. Los expertos recuerdan que el gasto depende del estado real del aparato, la temperatura elegida, la ventilación y, sobre todo, del cierre de la puerta. Unas gomas deterioradas dejan escapar aire frío y obligan al compresor a trabajar durante más tiempo.

Por eso, antes de sustituir un frigorífico que todavía enfría correctamente, conviene comprobar si la junta sella bien. Una prueba sencilla consiste en cerrar la puerta atrapando una hoja de papel. Si sale sin resistencia, la goma puede estar deformada, sucia o desgastada. Limpiarla o reemplazarla puede reducir pérdidas sin cambiar todo el electrodoméstico.

Las gomas evitan que el compresor trabaje sin descanso

Cuando la puerta no queda hermética, entra aire caliente y húmedo continuamente. El motor debe activarse con mayor frecuencia para recuperar la temperatura y también puede aparecer más escarcha. Ese esfuerzo aumenta el consumo, acelera el desgaste del compresor y provoca que algunos alimentos no se conserven de manera uniforme dentro del frigorífico.

onur burak akin gC cKJebRhg unsplash

Además de revisar la junta, es importante limpiar el polvo acumulado en las rejillas o serpentines traseros, dejar espacio para que circule el aire y evitar colocar la nevera junto al horno o bajo el sol. Mantenerla entre tres y cinco grados, no introducir alimentos calientes y abrir la puerta solo el tiempo necesario también mejora su funcionamiento.

La antigüedad sigue influyendo, pero no decide por sí sola

Los modelos modernos suelen tener mejores compresores, aislamiento y sistemas de descongelación, por lo que normalmente consumen menos que aparatos de varias décadas. Sin embargo, una nevera vieja bien mantenida puede gastar menos que otra más reciente mal instalada, demasiado grande, cubierta de polvo o con las gomas dañadas. La edad es una pista, no un diagnóstico definitivo.

La realidad es que no conviene asegurar que cualquier frigorífico antiguo consume igual que uno nuevo. Para saberlo hay que consultar su etiqueta, medir el gasto con un enchufe medidor y compararlo con modelos equivalentes. Si conserva bien la temperatura, no funciona continuamente y la puerta cierra con firmeza, quizá no sea urgente sustituirlo. Revisar las gomas permite distinguir entre una avería barata y un aparato que realmente ha dejado de ser eficiente y comprobar también si mantiene estable el frío durante toda la jornada diaria.