El debate sobre la edad de jubilación sigue generando posiciones encontradas, especialmente entre quienes ya han atravesado esa etapa vital. Carmelo Sevilla, pensionista, aporta una visión que conecta con una preocupación frecuente entre los mayores: “La jubilación solo la disfrutas de verdad hasta los 75 años”. Su reflexión no gira en torno a cifras económicas ni a reformas legislativas, sino a una cuestión mucho más tangible: el estado físico.

Según explica, la edad marca una frontera que rara vez aparece en los debates que hacen referencia a la jubilación. Hasta aproximadamente los 75 años, sostiene, muchas personas mantienen un nivel de autonomía, movilidad y energía que permite viajar, practicar actividades, mantener rutinas activas o simplemente disfrutar del tiempo libre con relativa normalidad. A partir de ese umbral, advierte, la realidad suele cambiar y a empeorar la calidad de vida.

La barrera invisible e inevitable del deterioro físico

Carmelo describe un proceso que considera natural pero fundamentak. El avance de la edad, señala, trae consigo limitaciones físicas progresivas que condicionan la calidad de vida. Problemas de movilidad, fatiga, dolencias crónicas o menor resistencia convierten actividades antes cotidianas en esfuerzos considerables. Es una tendencia que experimentan las personas con el paso del tiempo. Desde su experiencia, la jubilación no puede analizarse solo desde la sostenibilidad del sistema de pensiones. Retrasar tanto la salida del mercado laboral implica reducir la etapa en la que el retiro puede disfrutarse de verdad.

La idea de Carmelo introduce un matiz relevante en el debate público. Mientras las reformas suelen justificarse por el envejecimiento poblacional y la presión sobre las cuentas públicas, rara vez se enfatiza cómo la edad afecta a la capacidad real de aprovechar el tiempo tras la vida laboral. Para muchos pensionistas, ese factor resulta central.

Dudas sobre ampliar la jubilación hasta los 70

A partir de esta lógica, Carmelo no considera viable elevar la edad de jubilación hasta los 70 años. Su razonamiento es que si el margen de buena condición física tiende a concentrarse en los primeros años del retiro, retrasar la jubilación implica minimizar ese periodo. En términos prácticos, significa trabajar más tiempo para disfrutar menos tiempo en condiciones favorables.

La postura de Carmelo refleja una percepción extendida entre parte de la población mayor, que observa con escepticismo las propuestas de ampliación de la vida laboral. Más allá de las variables económicas, el argumento del desgaste físico emerge como uno de los ejes menos visibles pero más repetidos en la experiencia cotidiana de muchos jubilados.