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Carme Ruscalleda no necesita buscar demasiado lejos de Barcelona para encontrar uno de esos lugares que parecen diseñados para bajar el ritmo en verano. Sant Pol de Mar, el pueblo del Maresme al que está profundamente vinculada, reúne prácticamente todo lo que se le puede pedir a un refugio mediterráneo: playa, tranquilidad, calles pequeñas y una dimensión humana que todavía permite escapar de la sensación de masificación de otros destinos de la costa catalana.

Con alrededor de 5.000 habitantes, Sant Pol mantiene una escala difícil de encontrar tan cerca de una gran ciudad. El mar forma parte de la vida cotidiana y la playa queda integrada prácticamente en el pueblo, sin necesidad de largos desplazamientos. Para Ruscalleda, además, no es simplemente un destino de vacaciones: es el paisaje en el que ha desarrollado buena parte de su vida personal y profesional.

Sant Pol conserva el ritmo de un pueblo de costa

Una de sus grandes ventajas es precisamente que todavía puede recorrerse sin grandes planes. Pasear junto al Mediterráneo, bajar hasta la arena, sentarse en una terraza o perderse por las calles próximas al centro permite disfrutar del verano sin convertir cada jornada en una excursión organizada. Esa sencillez es parte de su atractivo.

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También está suficientemente cerca de Barcelona para que una escapada resulte sencilla, pero suficientemente alejado para que el ambiente cambie por completo. El paisaje del Maresme, con el mar a un lado y las elevaciones del interior al otro, ayuda a crear esa sensación de pequeño refugio costero que tanta gente busca cuando empiezan los meses de calor.

El Mediterráneo forma parte de la vida de Ruscalleda

La relación de Carme Ruscalleda con Sant Pol va mucho más allá de la gastronomía. Allí están sus raíces y una manera de entender el producto, las estaciones y la proximidad que siempre ha estado muy presente en su trayectoria. El pueblo y el Mediterráneo forman parte inevitable de su identidad. Por eso resulta fácil comprender que Sant Pol sea un refugio especialmente ligado a su figura. No hace falta una urbanización aislada ni un destino exclusivo para encontrar calma: basta un pequeño municipio costero donde el mar continúa condicionando el ritmo diario.

En pleno verano, cuando muchos puntos próximos a Barcelona se llenan, Sant Pol conserva precisamente aquello que lo hace especial. Playa, tradición marinera y una escala reducida convierten el pueblo de Carme Ruscalleda en uno de esos lugares donde todavía es posible sentir que las vacaciones empiezan simplemente caminando unos minutos hasta el Mediterráneo.