El mercado del alquiler ha cambiado de forma radical en muy poco tiempo y los profesionales del sector lo están notando. Carlos Sabando, gestor inmobiliario con años de experiencia, explica que la entrada en vigor de la nueva normativa que limita los precios ha provocado un gran desequilibrio entre oferta y demanda. Hoy, alquilar un piso ya no es cuestión de semanas ni siquiera de días. En muchos casos, basta con unas pocas horas para que la vivienda quede saturada de solicitudes.
La situación es especialmente llamativa en las zonas tensionadas, donde los precios están topados por ley. Sabando relata que, tras publicar un anuncio de alquiler, en apenas 12 horas llegaron a registrarse hasta 550 solicitudes para un solo piso. Un dato que refleja, sin matices, cómo la demanda se ha disparado mientras la oferta disponible se ha reducido de forma drástica.
La nueva ley ha reducido la oferta de alquiler
Según el gestor inmobiliario, la limitación de precios ha tenido un efecto inmediato en el comportamiento de los propietarios. Muchos han optado por retirar sus viviendas del mercado del alquiler tradicional, ya sea para destinarlas a otros usos o simplemente para no alquilarlas. El resultado es un mercado mucho más estrecho, con menos pisos disponibles y una presión enorme sobre los pocos que salen al mercado.

La realidad es que, cuando aparece una vivienda a un precio regulado, la reacción es masiva. Decenas o cientos de personas intentan acceder al mismo piso, lo que convierte el proceso en una carrera contrarreloj. Para los inquilinos, esto se traduce en frustración y sensación de bloqueo; para los gestores, en una avalancha de trabajo difícil de gestionar en condiciones normales.
Un mercado colapsado en cuestión de horas
Sabando subraya que este fenómeno no responde a un aumento de la población, sino a un desajuste provocado por la normativa. La demanda ya existía, pero ahora se concentra en cada anuncio. En la práctica, alquilar un piso se ha convertido en una competición para llamar la atención del propietario. Con tal volumen de solicitudes, los propietarios pueden ser mucho más exigentes, lo que deja fuera a perfiles con menos estabilidad económica, jóvenes o familias con menos garantías.
La combinación de precios limitados y reducción de la oferta ha creado un escenario de tensión permanente, donde la rapidez lo es todo y donde encontrar piso se ha convertido, literalmente, en una cuestión de horas. La experiencia de recibir 550 solicitudes en medio día no es una anécdota, sino el síntoma de un mercado sumamente desestabilizado.