Una casa puede estar limpia, ordenada y bien cuidada, pero aun así transmitir una sensación visual poco elegante. Muchas veces no se debe al precio de los muebles, sino a cómo están colocados los objetos, qué escala tienen y cuánto ruido visual generan. El interiorista Beto Frías lo resume con una idea clara: hay pequeños cambios que pueden hacer que una vivienda deje de parecer barata sin necesidad de reformarla.
Uno de los errores más habituales es llenar las paredes con muchos cuadros pequeños. Esa composición de “nubecitas” puede parecer decorativa al principio, pero si no está muy bien pensada acaba creando desorden visual. La pared se ve fragmentada, la estancia parece más cargada y ningún elemento tiene suficiente presencia para ordenar el espacio.
Un cuadro grande funciona mejor que muchos pequeños
Frías recomienda sustituir esa acumulación de piezas pequeñas por un cuadro grande o una obra con más presencia. No tiene por qué ser una pieza cara. Puede ser una lámina bien enmarcada, una fotografía, una ilustración o incluso una composición sencilla, pero con el tamaño adecuado para la pared y el mueble que tiene debajo.
La escala es clave. Un cuadro demasiado pequeño sobre un sofá, una cama o un aparador puede hacer que todo parezca improvisado. En cambio, una pieza grande crea un punto focal, da intención al espacio y transmite una sensación más ordenada. La casa parece más pensada, aunque el cambio sea sencillo. Lo mismo ocurre con los marcos. Mezclar demasiados estilos, colores y tamaños sin criterio puede abaratar el resultado. Si se quieren mantener varias piezas, conviene agruparlas con una estructura clara, respetar distancias y elegir una paleta coherente.
Tu casa no debería parecer un vivero
Otro error frecuente es repartir muchas plantas pequeñas por toda la casa. Una en la estantería, otra en la mesa auxiliar, otra en la ventana, otra en el baño y varias más en rincones sin relación entre sí. Aunque las plantas aportan vida, cuando aparecen desordenadas pueden generar el efecto contrario: una casa cargada, poco cuidada y visualmente caótica. La recomendación del interiorista es apostar por una planta grande en lugar de muchas pequeñas desperdigadas. Una planta con volumen puede transformar una esquina, dar altura a la estancia y aportar frescura sin saturar. Además, funciona como un elemento decorativo potente, casi como una escultura natural.
La clave no está en eliminar personalidad, sino en reducir el ruido visual. Menos objetos, mejor elegidos y con más escala suelen dar una imagen más elegante. Un cuadro grande, una planta importante y superficies menos saturadas pueden hacer más por una casa que muchos adornos pequeños. A veces, para que una vivienda parezca más cara, no hace falta añadir: hace falta quitar y elegir mejor.
