Cargando...

Llegar tarde de forma habitual suele interpretarse como una falta de educación, de interés o de responsabilidad. Sin embargo, la psicóloga Ana Del Valle lo explica desde otra perspectiva: muchas personas impuntuales no llegan tarde porque no les importe, sino porque su cerebro calcula el tiempo con demasiado optimismo. Creen que tardarán menos de lo que realmente tardan, minimizan los imprevistos y organizan el día como si todo fuera a salir perfecto.

Ese error tiene nombre en psicología: subestimar el tiempo necesario para completar una tarea. La persona piensa que ducharse, vestirse, desayunar, buscar las llaves, aparcar o llegar al transporte público le llevará “un momento”. Pero esos momentos se acumulan. Al final, sale de casa diez o quince minutos más tarde de lo previsto y siente que el retraso ha aparecido de la nada.

El cerebro se engaña con facilidad

El problema no siempre está en la agenda, sino en la percepción. Algunas personas recuerdan cuánto tardaron una vez que todo salió bien y usan ese recuerdo como referencia. Si un día llegaron al trabajo en veinte minutos, su cerebro decide que ese es el tiempo real, aunque la mayoría de días necesiten treinta y cinco.

Psicología Deportiva

También influye el deseo de aprovechar cada minuto. Quien llega tarde suele intentar meter una tarea más antes de salir: responder un mensaje, recoger algo, preparar café, revisar una bolsa. Cada gesto parece pequeño, pero empuja todo el horario. El cerebro optimista cree que aún hay margen, incluso cuando ya no lo hay.

No es excusa, pero sí explicación

Entender esto no significa justificar la impuntualidad. Llegar tarde afecta a los demás, genera estrés y puede transmitir desinterés aunque no sea la intención. La diferencia es que, si el origen es una mala estimación del tiempo, la solución no pasa solo por “esforzarse más”, sino por cambiar el cálculo.

Una estrategia útil es medir tiempos reales durante varios días. No lo que uno cree que tarda, sino lo que tarda de verdad. Después, conviene añadir un margen fijo de diez o quince minutos a cada desplazamiento o preparación importante. La puntualidad mejora cuando se deja de planificar desde el escenario ideal. Si siempre llegas tarde, quizá no eres irresponsable, pero tu cerebro está confiando demasiado en que todo irá rápido, incluso demasiadas veces seguidas.