Educar a un hijo es uno de los desafíos más complejos y trascendentales que puede afrontar una familia. Implica no solo cariño y apoyo emocional, sino también la capacidad de establecer normas, dar órdenes y asumir la responsabilidad de las consecuencias de esas decisiones. El neuropsicólogo Álvaro Bilbao, una de las voces más influyentes en educación familiar positiva en España, insiste en que el adulto debe asumir la responsabilidad final cuando da órdenes a un hijo. Esta idea se ha difundido también a través de sus redes sociales, como TikTok e Instagram, donde Bilbao comparte reflexiones prácticas sobre crianza basada en la evidencia científica y en su experiencia como padre y profesional.

Qué dicen los expertos sobre la educación familiar en casa

Según expertos en neuropsicología y educación, la educación en casa es el primer y más importante entorno formativo para un niño. Aquí se establecen las bases de la autoestima, la regulación emocional, la responsabilidad y la relación con la autoridad. La educación familiar no debe confundirse con permisividad o ausencia de normas; al contrario, implica guiar, acompañar y marcar límites con coherencia y afecto. Álvaro Bilbao y otros especialistas en educación en positivo señalan que educar no significa imponer con rigidez, sino enseñar con firmeza y calidez al mismo tiempo. El objetivo es que el niño comprenda por qué existen las normas y cómo sus acciones producen consecuencias, tanto buenas como malas.

Padre e hijo / Unsplash
Padre e hijo / Unsplash

Bilbao advierte que muchos padres caen en el error de querer evitar cualquier conflicto o frustración en sus hijos, creyendo que así les protegen. Sin embargo, el cerebro infantil necesita experimentar frustración y enfrentar límites para desarrollar el autocontrol, la tolerancia a la frustración y la capacidad de resolver problemas. Por ello, la educación familiar debe equilibrar afecto con límites claros y consistentes.

Cómo deben dar las órdenes los adultos a sus hijos

Dar órdenes no es gritar ni imponer sin razón; es comunicar de forma clara, respetuosa y consistente lo que se espera de un niño. Los neuropsicólogos recomiendan:

Usar un lenguaje sencillo y directo: evita explicaciones largas que el niño no puede procesar en ese momento.

Formular órdenes en positivo cuando sea posible, indicando lo que debe hacerse en lugar de lo que no se debe.

Mantener calma y firmeza: el tono del adulto influye profundamente en cómo el niño recibe el mensaje.

Ser coherente entre lo que se dice y lo que se hace: los niños aprenden más por imitación que por argumentos verbales.

Explicar las consecuencias, no como amenaza, sino como parte del aprendizaje natural de que cada acción tiene un resultado.

La responsabilidad final y su impacto en el menor

Lo que Álvaro Bilbao enfatiza es que la responsabilidad final de las órdenes y decisiones recae en el adulto, no en el niño. Muchas veces los padres tratan de “consensuar” cada decisión con sus hijos pequeños, cediendo el poder de decisión sobre asuntos que ellos no están preparados para gestionar. Esto puede llevar a confusión, inseguridad y una sensación de que el niño es quien decide, lo cual no es sano para su desarrollo. Los neuropsicólogos señalan que esto puede dificultar que el niño aprenda límites, autocontrol y responsabilidad.

Vicente padre e hijo / Archena Mapeka Telecom
Vicente padre e hijo / Archena Mapeka Telecom

Además, permitir que el niño enfrente las consecuencias naturales de sus actos —como perder el autobús si no se organiza— es parte de una educación que fomenta la responsabilidad, la autonomía y la capacidad para tomar decisiones maduras en el futuro.

En definitiva, educar es un acto de amor que requiere liderazgo adulto: marcar límites, acompañar con empatía, explicar con claridad y asumir la responsabilidad de guiar a los hijos hacia una personalidad equilibrada y respetuosa. Cuando los padres asumen esta responsabilidad con serenidad y firmeza, contribuyen de forma decisiva al desarrollo emocional y social saludable de sus hijos.