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Alfred López ha recuperado una palabra que muchas personas jóvenes apenas utilizan ya, como lo es el estío. Antes, explica, entre julio y agosto se hablaba de una especie de quinta estación, un tramo dentro del verano marcado por temperaturas más altas, días pesados y una sensación más intensa que al inicio. No era exactamente otro calendario, sino otra manera de entender el calor.

Hoy usamos verano para casi todo: junio, vacaciones, playa, terrazas, agosto y noches tropicales. Pero durante mucho tiempo existió una distinción más fina. El verano podía empezar con calor moderado, días largos y cierta amabilidad, ya que el estío, en cambio, nombraba el momento más duro, cuando el sol aprieta, el suelo acumula temperatura y salir a ciertas horas se vuelve casi imposible.

La palabra que explicaba el calor fuerte

La RAE recoge estío como sinónimo de verano, pero también vinculado a la época más calurosa del año. Esa diferencia cultural es importante. No se trataba solo de hablar bonito, sino de poner nombre a una experiencia muy concreta. como el calor concentrado de julio y agosto, cuando la vida cambiaba de ritmo.

En los pueblos, esa idea se entendía muy bien. El estío era cerrar persianas, madrugar, comer ligero, evitar el campo al mediodía y esperar a que bajara el sol para salir. No hacía falta hablar de olas de calor para saber que había semanas en las que el día mandaba más que cualquier agenda.

El clima ha cambiado la percepción

El problema es que ahora esa frontera se ha desdibujado. Los episodios de calor extremo llegan antes, duran más y se cuelan incluso en junio o septiembre. Por eso la palabra estío suena antigua, pero la sensación que describía parece cada vez más presente y más larga. López apunta a una memoria climática que ayuda a entender el presente. Antes se separaba el verano amable del calor duro. Ahora muchas personas sienten que todo se ha convertido en estío: noches que no refrescan, casas que acumulan calor y ciudades donde el asfalto multiplica la temperatura.

Recuperar esa palabra sirve para algo más que la nostalgia. Permite explicar que no todo el verano era igual. Había un tramo especialmente intenso, casi una quinta estación. Y quizá por eso hoy sorprende tanto sentir que ese estío ya no dura unas semanas, sino que empieza antes y termina tarde.