Tal día como hoy del año 711, hace 1.315 años, los generales Tariq ibn Zayid y Mussa ibn Nussayr, altos oficiales militares del califato de Damasco situados en el norte de África, y sus huestes, formadas por veinte mil soldados árabes y amaziges, culminaban la travesía del Estrecho de Gibraltar y plantaban un campamento gigantesco al pie del peñón de Mons Calpe, que a partir de aquel momento sería llamado Yabal Tariq (Montaña de Tariq). Este lugar, actualmente, se corresponde con el territorio de soberanía británica de Gibraltar.
Este desembarco se produciría en el contexto de la guerra civil del reino hispanovisigodo, que se remontaba a las décadas centrales del siglo anterior y que enfrentaba a los bandos del rey Roderico (las oligarquías militares de las provincias Bética y Lusitania) y de Agila (nombrado rey por las oligarquías militares de las provincias Tarraconense y Narbonense). Esta guerra civil había vivido su episodio más destacado con la rebelión secesionista de Flavius Paulus (673), que había independizado la Tarraconense y la Narbonense, creando el reino de los visigodos de Septentrión.
El desembarco árabe obedecía a los intereses del bando de Agila, que habría pactado con los árabes su participación en aquel conflicto, para destronar a Roderico y masacrar su bando. Tres meses más tarde (julio, 711) se produjo el enfrentamiento entre el grueso de las huestes visigóticas (donde, también, estaban los partidarios de Agila) y las tropas árabes (Batalla del río Guadalete). En aquel enfrentamiento se escenificó la estrategia de Agila: al inicio de la batalla, sus partidarios abandonaron sus posiciones y dejaron a los de Roderico en manos de los árabes.
El resultado de aquella batalla fue devastador para los visigodos. El partido de Roderico sería exterminado en Guadalete y los pocos supervivientes, entre los cuales se encontraba el rey, serían perseguidos y liquidados unos días más tarde en Córdoba. Acto seguido, Tariq y Musa y sus huestes se dirigirían a Toledo, para cobrar por sus servicios. Durante el camino e, incluso, en la capital, constataron que las provincias visigóticas de la Bética y de la Lusitania habían quedado totalmente desguarnecidas, y sería en aquel momento cuando se plantearían su presencia en la península como el inicio de una conquista.
