Tal día como hoy del año 1424, hace 602 años, en la Vall d'Uixó (País Valencià), moría el militar y escritor Jordi de Sant Jordi, que se hizo célebre por su producción lírica. Sant Jordi cultivó una poesía trovadoresca, inspirado en las grandes figuras del siglo XII (los trovadores provenzales Pèire Vidal, Folquet de Marsella y Arnaut Daniel) y con influencias de Petrarca, que entonces empezaba a difundirse entre los poetas catalanes.
De sus obras, solo se han conservado dieciocho poemas, pero son especialmente destacables Los estramps, Los midons, Los enuigs, Lo canviador y Desert d'amics, que compuso en cautiverio, mientras era prisionero de los condottieros italianos que combatían a favor de la casa de Anjou durante la campaña catalana de conquista de Nápoles promovida por el rey Alfonso el Magnánimo. En aquella empresa militar, estuvieron presentes muchos caballeros valencianos, algunos procedentes del estamento nobiliario y otros, de familias plebeyas ricas.
Jordi de Sant Jordi es un caso insólito de éxito social de un personaje de extracción marginal durante la Edad Media. Nacido entre 1395 y 1400 en una familia morisca radicada en algún lugar del País Valencià, llegó a ser camarero (oficial de cámara) del rey Alfonso el Magnánimo y luchó junto al monarca en las campañas catalanas de Córcega, Cerdeña y Nápoles.
Todo apunta a que su familia pertenecía a la élite morisca valenciana, formada, principalmente, por mayorales de grandes propiedades y por criadores y vendedores de caballos. Estas élites eran bilingües (hablaban el dialecto árabe de la comunidad morisca y el catalán de la sociedad cristiana vieja) y tenían una muy buena relación con los grandes propietarios agrarios del país (la nobleza rural). Y esto explicaría la educación que había recibido y la posición social que ocuparía en su edad adulta.