Tal día como hoy del año 1967, hace 59 años, en Madrid, moría el periodista, escritor y crítico literario valenciano en lengua castellana José Augusto Trinidad Martínez Ruiz, más conocido con el pseudónimo Azorín. Durante la etapa final del régimen de la Restauración borbónica (1874-1923) fue, también, diputado en las Cortes españolas por el Partido Conservador de Antoni Maura (1907-1920). Aunque se había criado y educado en un entorno castellanohablante, conocía y dominaba el valenciano por el contacto que, desde pequeño, había mantenido con los vecinos y amigos de su pueblo. Azorín diría y dejaría escrito que la lengua que utilizaba la gente de su pueblo —el valenciano que se habla en las comarcas del sur del País Valencià— era un “hijuelo del catalán”.
Azorín nació en 1873 en Monòver (valle del Vinalopó, País Valenciano), en una familia de la oligarquía local y de lengua castellana, formada por un notario originario de Yecla (Murcia) y por una heredera latifundista nacida en Petrer (valle del Vinalopó, País Valenciano). A los ocho años fue internado en los jesuitas de Yecla (Murcia) y, al terminar los estudios primarios y secundarios, prosiguió su formación en la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia. No obstante, pasó todos los períodos de estancia escolar en el pueblo que lo había visto nacer, entre vecinos y amigos valencianohablantes, y aquellas vivencias serían parte importante de su cultura personal y de la temática autobiográfica de su obra literaria.
Azorín se posicionó a favor de las reivindicaciones históricas de Catalunya. Coincidiendo con la restauración del autogobierno (Macià, 1931); definió Catalunya como una nación y publicó varios artículos en este sentido. En 1931, poco después de que las Cortes republicanas recibieran el proyecto de Estatut aprobado por el pueblo de Catalunya; Azorín publicó un artículo en el diario madrileño Crisol que decía: “Catalunya tiene una vitalidad propia, (...) es una nación (...). Qué vida tan intensa la de esta nación desde hace siete siglos (...) Catalunya tiene derecho a vivir la vida (...) y el resto de España ha de permitir que Catalunya viva su vida”. Posteriormente, durante el régimen franquista, variaría sustancialmente su posicionamiento respecto a Catalunya.