Tal día como hoy del año 1841, hace 185 años, la regente María Cristina de Borbón, viuda del rey Fernando VII y madre de la reina-niña Isabel II, renunciaba a la regencia e iniciaba el camino de la expatriación, en solitario, hacia Francia. Hacía tan solo diez meses que había concluido la Primera Guerra Carlista (octubre de 1833 – julio de 1840), con el triunfo de los liberales que habían apoyado a la reina-niña Isabel II. Pero, a pesar de ello, la regente María Cristina se había negado a entregar el bolsillo secreto borbónico al gobierno liberal, presidido por el general Espartero, para hacer frente a las deudas contraídas por el ejecutivo con la banca privada inglesa para ganar la guerra.
Este bolsillo secreto tenía su origen en las mal llamadas Abdicaciones de Bayona (mayo de 1808). En aquella ocasión, el emperador Napoleón había comprado la Corona española a Ferran VII a cambio —entre otras cosas— de una pensión anual y vitalicia de cuatro millones de francos franceses, que el Borbón español había cobrado durante seis años y hasta el final del régimen bonapartista (1808-1814) y que, posteriormente, se negaría a retornar al fisco francés. Se le llamaba bolsillo secreto porque era un fondo opaco que la familia real usaba para financiar todo tipo de negocios, tanto los legales como los ilegales.
Espartero intentó repetidamente localizar y confiscar el bolsillo secreto, pero, cada vez que la policía se aproximaba al escondite, una delación permitía a sus tenedores moverlo y ocultarlo en otro escondite. La quiebra del Estado español y la imposibilidad de devolver los préstamos y el juego “del gato y el ratón” con el bolsillo secreto desprestigiaría enormemente a María Cristina, que, a pesar de que había ganado la guerra, se vería obligada a ceder la regencia al general Espartero y a expatriarse a Francia. El Gobierno se plantearía anular los derechos dinásticos de la reina-niña Isabel II y proclamar rey al general Espartero con el nombre de Baldomero I.
