Tal día como hoy del año 1493, hace 633 años, Cristóbal Colón llegaba a Sevilla después del primer viaje al Nuevo Mundo. Según la investigación historiográfica, Colón había iniciado el regreso a la Península el 16 de enero anterior, después de fundar el primer asentamiento europeo en la isla de la Hispaniola (fuerte de la Natividad). Según esta investigación, el 14 de febrero, una fuerte tormenta habría separado las dos naves que regresaban: la Pinta se desvió y acabaría atracando en el puerto de Bayona (Galicia) el 27 o 28 de febrero, y la Niña, tripulada por Colón, atracaría en Lisboa el 4 de marzo. La llegada de Colón a Lisboa, sede de la Corte de Portugal (la gran rival de la monarquía hispánica en la carrera por los “descubrimientos”), y la recepción del navegante en la Corte del rey Manuel I son un misterio.
Desde Sevilla emprendió camino hacia Barcelona, donde, en aquel momento, había la Corte itinerante de los Reyes Católicos (esta Corte se movía entre Granada y Sevilla —en la Corona castellanoleonesa— y Valencia y Barcelona —en la Corona catalanoaragonesa—). La mayoría de las fuentes relatan que Colón inició el camino por tierra, a pesar de que habría sido más fácil y más rápido hacerlo por mar. Por este motivo, algunos investigadores sostienen que es muy difícil que Colón y su séquito (un convoy largo y lento) recorrieran los más de mil kilómetros que separan Sevilla de Barcelona —por caminos dificultosos y peligrosos— en tan solo dos semanas. Otros, en cambio, sitúan la llegada de Colón a Barcelona el día 3 de abril (veinte días después de desembarcar en Sevilla).
Después de la llegada de Colón a Barcelona, y de la entrevista con los reyes Fernando e Isabel en el monasterio de Sant Jeroni de la Murtra, en Badalona (4 de abril), se pusieron en marcha los preparativos del segundo viaje. La nave capitana de este segundo viaje sería la Marigalant, botada en los astilleros de Barcelona y tripulada por Colón y por una serie de personalidades catalanas que adquirirían una gran importancia en aquella empresa. La Marigalant zarpó de Barcelona el 28 de mayo, casi dos meses después de la llegada de Colón a la capital catalana, para unirse al convoy del segundo viaje atracado en Cádiz. Si Colón hubiera llegado a Barcelona a finales de abril, como sostenían algunos cronistas castellanos, no habría sido posible hacer los preparativos de este segundo viaje en tan solo tres o cuatro semanas.
