Tal día como hoy del año 1976, hace 50 años, en Buenos Aires, las fuerzas armadas argentinas —comandadas por los generales Jorge Rafael Videla (Ejército de Tierra) y Orlando Ramón Agosti (Ejército del Aire) y el almirante Emilio Eduardo Massera (Armada Naval)— perpetraban un golpe de Estado contra el legítimo régimen democrático dirigido por María Estela Martínez de Perón, vicepresidenta del país y presidenta en funciones desde la muerte del anterior mandatario, su marido, Juan Domingo Perón. María Estela Martínez, como vicepresidenta, tenía el encargo de dirigir el país hasta agotar la legislatura y hasta la convocatoria de elecciones; como pasaba y pasa en los Estados Unidos cuando el presidente muere en el ejercicio de su cargo.
El golpe de Estado de Videla se produjo en un contexto de crisis social, política y económica muy profunda. A finales de la década anterior (1968), se había creado una guerrilla marxista —llamada Montoneros— que a partir de los campamentos situados al pie de la cordillera de los Andes (provincia de Tucumán) se había desplegado por los centros urbanos del centro y del este del país con el objetivo de transportar al país hacia un régimen comunista. Durante los meses inmediatamente anteriores al golpe de Estado, el ejército argentino había puesto en marcha el llamado Operativo Independencia, que consistía en desplegar a las tropas por la selva de Tucumán y exterminar físicamente a los guerrilleros. Aquella operación sería el preludio del golpe de Estado.
A la 1 de la madrugada del día 24, los militares golpistas secuestraron a la presidenta en funciones María Estela Martínez y la condujeron y recluyeron en la residencia de gobierno El Messidor, a la orilla del lago Nahuel Huapi, en la cima de los Andes y a 1.600 kilómetros de Buenos Aires. Hacia las 3 de la madrugada, el ejército ocupó todas las estaciones de televisión y radio de las principales ciudades del país. Y, durante el resto del día, se estableció un patrullaje militar en todos los centros urbanos de Argentina que se saldaría con la detención y el aislamiento de miles de trabajadores, sindicalistas, estudiantes, periodistas, profesores, abogados y políticos, que sería el inicio de una macabra operación que, en el transcurso del tiempo, se saldaría con 50.000 desaparecidos.
