La foto del barómetro del CEO presentada este jueves, después de un inexplicable retraso de varios meses, ofrece una foto de la política catalana sustancialmente diferente al mapa actual, con una novedad que destaca por encima de otras: Junts per Catalunya desaparece del podio y su lugar lo ocupa Aliança Catalana. No es la única variable respecto al actual Parlament de Catalunya, pero la muestra del CIS catalán, con entrevistas a 2.000 personas, es lo suficientemente amplia para ser tomada en cuenta, aunque tenga, quizás, sesgos que la hagan matizable. Pero, en el fondo, esto no cambiaría mucho las cosas respecto a cuál es la foto a mitad de la legislatura: un PSC que resiste como primera fuerza política, aunque claramente a la baja; Esquerra Republicana remontando posiciones y creciendo en porcentaje y diputados; Aliança Catalana disputando la segunda posición, si es que no la tiene; y un desplome al abismo más profundo de Junts per Catalunya, al que la encuesta le sitúa en la pelea con PP y Vox, muy lejos de las posiciones de arriba.
Es cierto que una encuesta no es más que una foto del país en un momento determinado y que, si no se adelantan las elecciones, los catalanes no acudirían a votar para la composición del Parlament de Catalunya hasta mayo de 2028. Eso es verdad. Pero una tras otra las encuestas siguen remarcando una idea: el partido de Carles Puigdemont no es capaz de detener la sangría de votantes y, lo que es tanto o más preocupante, a la pregunta de qué partido está más capacitado para resolver un total de seis cuestiones de interés para los catalanes, su posición es casi ridícula. El mejor lugar lo obtienen en la respuesta a la pregunta del partido más capaz de impulsar el crecimiento económico (segundos, 9%), detrás del PSC (17%) y en las otras cinco preguntas, que son favorecer la convivencia en Catalunya, gestionar los servicios públicos, mantener el orden y la seguridad pública, abordar las relaciones Catalunya-España y reducir la probreza y las desigualdades sociales, su porcentaje es en un caso del 5%, en tres ocasiones del 4% y en el otro incluso por debajo. La pregunta es bien sencilla: si el ciudadano no ve que sea capaz de solucionar ninguno de sus problemas, ¿por qué te va a votar?
Una tras otra, las encuestas siguen remarcando una idea: el partido de Carles Puigdemont no es capaz de detener la sangría de votantes
En cambio, en todos los casos, sin distinción, el PSC aparece como el primer partido a la hora de ofrecer soluciones, aunque siempre detrás del primer clasificado en todas las respuestas, que no es otro que 'Ninguno', que siempre aparece con el 30% o algún punto más. Una clara muestra de la desconfianza de los catalanes en la clase política como solución a sus inquietudes y sus necesidades. El president Salvador Illa no capitaliza al máximo esta posición, muy probablemente lastrado por la crisis del PSOE y los problemas de gestión de áreas tan diferentes pero tan importantes como Rodalies, educación, seguridad y salud. Pero también en cuestiones más ideológicas, como la política de vivienda o la de impuestos. Esta situación es la que acaba proyectándole una caída de entre cuatro y seis escaños de los 42 que tiene actualmente. Unos diputados que el CEO se los adjudica a Esquerra, que subiría entre cuatro y seis, poniendo un interrogante a una mayoría de gobierno de izquierdas que precisaría el concurso de la CUP.
Pero todo eso está dentro de los márgenes que suele dar una encuesta, sobre todo a mitad de una legislatura. Lo excepcional es lo de Junts y Aliança porque estamos hablando, en el primer caso, de la posible pérdida de la mitad de los escaños, de los 35 actuales a 16-18 parlamentarios, y en el del partido de Orriols de un salto de 2 diputados a una horquilla entre 23 y 25. La contundencia es de tal magnitud que debería propiciar una reflexión importante, ya que el edificio de Junts per Catalunya ha superado la fase de aluminosis para acercarse a la del previsible derribo del inmueble. Todo ello, en vísperas del pronunciamiento del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) sobre la ley de amnistía, el próximo día 16, el jueves de la semana que viene, y el posible retorno a Catalunya de Carles Puigdemont después de casi nueve años. Son dos carpetas diferentes, claro está, pero que van a acabar estando entrelazadas, también en el tiempo, acabe como acabe la decisión del TJUE y su aplicación final, llegado el caso, en el Tribunal Supremo y en el Tribunal Constitucional.
