Cuando aún no hace ni trece meses que Donald Trump tomó posesión de la presidencia de Estados Unidos por segunda vez, después de su derrota electoral en 2020 que le impidió completar el periodo consecutivo de ocho años entre 2017 y 2025, el mundo ha podido comprobar que el orden preexistente ha desaparecido. El inquilino de la Casa Blanca ha dinamitado puentes históricos con sus aliados, ha arrinconado Europa y menospreciado su protagonismo, ha improvisado políticas económicas hasta convertirse en un verdadero problema para las clases medias estadounidenses y ha imprimido la ley del más fuerte para la resolución de los conflictos internacionales.
Todo ello, en tan solo trece meses. La reciente Conferencia de Seguridad de Múnich de este fin de semana, celebrada en medio de este clima de preocupación, ha servido para hacerlo aún más visible, aunque no será por eso que será recordada, sino porque Alemania y Francia hicieron público que habían iniciado conversaciones confidenciales sobre un elemento disuasorio nuclear europeo. Que lo anunciara el canciller demoscristiano Friedrich Merz es aún más importante, ya que es de sobras conocida la histórica posición alemana sobre los límites de endeudamiento y de gasto en defensa hasta 2025, fecha en que se aprobaron una serie de reformas constitucionales históricas y se revirtieron décadas de disciplina fiscal en esta materia.
Ahora, la posición de Estados Unidos, que ha pasado de mejor amigo a amigo intermitente e interesado, ha desembocado, en el caso alemán, en una necesidad de ser un actor valiente y decidido, ya que su posición geográfica también le obliga a ello. No muy lejos de las demandas de Trump de invadir Groenlandia, relativamente cerca de la guerra de Rusia en Ucrania y con una posición nada fácil con Rusia, Merz ha concluido que quizás ha llegado el momento de repensar la economía y empezar a producir cosas que en el pasado eran no deseadas, como ha señalado en Múnich Clemens Fuest, uno de los economistas alemanes más prestigiosos. Así, el presupuesto alemán en defensa crecerá este año un 32,5% respecto a 2025, con lo que el país germano busca alcanzar el 2,8% del PIB en 2026 con el objetivo de llegar al 3,9% en 2029.
En la actualidad, tan solo Francia posee en la Unión Europea su propio arsenal nuclear y la propuesta alemana lo que pretende es crear un pilar europeo fuerte y dentro de la Alianza Atlántica
Aunque Alemania tiene prohibido desarrollar bombas atómicas, el paraguas de la OTAN deja más margen para explorar que no surjan zonas de seguridad diferentes en Europa. En la actualidad, tan solo Francia posee en la Unión Europea su propio arsenal nuclear, y la propuesta alemana lo que pretende es crear un pilar europeo fuerte y dentro de la Alianza Atlántica. Países como Polonia, Suecia, Reino Unido, Italia y Bélgica apoyan o participan en estas discusiones, mientras Pedro Sánchez aleja a España del escudo nuclear europeo y considera un error histórico este camino, como dejó claro en Múnich, además de mantener su oposición al 5% del PIB de inversión en defensa.
La posición de Sánchez tiene varias derivadas: lo aleja de las decisiones europeas, como se vio en la reciente cumbre de 19 líderes europeos a la que el presidente del Gobierno no fue invitado. Tan solo otros seis países menores quedaron fuera de la reunión. Recorta el peso de España en Bruselas, con decisiones unilaterales —regularización de inmigrantes— que cuestan de entender en los despachos de la capital belga. Y, finalmente, está la amenaza permanente de Trump de subir los aranceles a España, como señaló por última vez en el Foro de Davos de finales del pasado mes de enero.