Como que abogados tiene Repsol para defenderse de las acusaciones de la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia (CNMC), que muy bien podría considerar que son prevaricadoras, ya lo hará y no es este ni el motivo, ni el objetivo, de este artículo: hacer un alegato de la petrolera española de referencia. Sí que lo es, en cambio, interpretar cómo las gasta el gobierno de Pedro Sánchez cuando alguien no le da la razón o se pone enfrente defendiendo los intereses que le tocan. Para ello se instrumentaliza desde el poder la Fiscalía General del Estado, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el Tribunal Constitucional, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) o todo aquello a lo que se tenga acceso, incluidos medios de comunicación. La falta de votos en el Congreso de los Diputados y las derrotas parlamentarias encuentran su otra cara de la moneda en la larga mano del poder de la Moncloa, que ni perdona, ni olvida.

En este contexto hay que entender la sanción de 20 millones de euros impuesta por la CNMC por descuentos supuestamente excesivos y que, según alega el organismo, habrían tenido un efecto perjudicial en el mercado y en los competidores en un contexto de dominio del mercado mayorista. Competencia prohíbe además a Repsol y a sus filiales optar a contratos públicos. Es evidente que, en otro contexto político, la CNMC no habría entrado en el tema, pero el poder ahora se ejerce, por parte del Gobierno, dejando un visible rastro de un cierto matonismo, como queriendo que sea evidente a ojos de todos. Hay que ir un poco atrás para escarbar en la irritación del Gobierno, que tiene su origen en dejar claro que quien la hace la paga. En enero de 2025, la alianza aritmética entre Junts, el PNV, el PP y Vox hizo posible que descarrilara definitivamente el impuesto a las energéticas, siendo Repsol una de las beneficiadas.

La larga mano del poder de la Moncloa de Sánchez ni perdona, ni olvida

El partido de Carles Puigdemont negoció a cambio una serie de contrapartidas en Catalunya, que se tradujeron, entre otras cosas, en una inversión superior a 800 millones de euros para una ecoplanta de metanol renovable en Tarragona, un proyecto histórico que creará más de 340 empleos. El Gobierno vivió muy mal aquella abultada derrota, que está en el origen del desencuentro entre Junts y el PSOE, y sus maniobras-amenazas no cuajaron. Casualmente, Repsol tiene a un catalán como presidente, Antoni Brufau, y a un vasco, Josu Jon Imaz, como consejero delegado. Más recientemente, Imaz, fue invitado a la Casa Blanca al encuentro de Donald Trump con diferentes petroleras mundiales a raíz de la caída de Nicolás Maduro y el deseo de la administración norteamericana que las empresas inviertan para reflotar el negocio petrolero de Venezuela. Imaz, en su turno de palabra, aseguró al presidente de Estados Unidos que la petrolera española estaba preparada para invertir más en Venezuela y triplicar su producción en los próximos dos o tres años si se dan las circunstancias necesarias y le agradeció haber abierto la puerta a una Venezuela mejor. Seguro que a alguien en Moncloa le chirrió y hubiera preferido que no estuviera en la Casa Blanca por sorprendente que hubiera sido declinar la invitación.

No sé la cara que se le debe haber quedado a Teresa Ribera, vicepresidenta primera y comisaria de Competencia de la Comisión Europea, que en aquellas fechas, marzo de 2022, tras la invasión rusa de Ucrania, declaró como vicepresidenta para la Transición Ecológica del gobierno de Sánchez su agradecimiento a Repsol por los descuentos que ahora la CNMC sanciona e instó al resto del sector a seguir la senda de la empresa presidida por Antoni Brufau. Lástima que las hemerotecas existen y se puede acudir a ellas y seguir el rastro de aquel aplauso a la hora de aplicar aquellos descuentos a transportistas y la rebaja de 10 céntimos de euro por litro a todos los clientes profesionales que pagasen con la tarjeta Solred en sus estaciones de servicio.

Se atribuye a Abraham Lincoln, que ejerció como decimosexto presidente de los Estados Unidos y lideró el país durante la guerra de Secesión, la siguiente frase: "Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo". Sánchez no pasa día en que no desafía con ahínco y tozudez esta máxima pensando que él sí que puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. Por cierto, los trenes en Catalunya siguen sin funcionar y aquí también estaría bien hacer caso a Lincoln, aunque el ministro Óscar Puente persiga a los anteriores gobiernos como si los socialistas no llevaran en la Moncloa desde el 2 de junio de 2018: no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.