Aunque suene a tópico, bienvenido sea: Catalunya salió, una vez más, en masa a la calle para celebrar Sant Jordi. A disfrutar de la diada, a pasear, a comprar un libro, a regalar una rosa. Los jóvenes a hacer lo que siempre han hecho sus padres y sus abuelos. Los mayores a disfrutar y repetir lo que llevan haciendo hace décadas en sus ciudades, en sus pueblos. Porque, al final, las fotos de Sant Jordi parece que se repitan cada año, igual que las aglomeraciones. No hay Sant Jordi sin tradiciones. Este año, incluso el president de la Generalitat, Salvador Illa, ha recuperado aquel chocolate en el Pati dels Tarongers que puso de moda el president Jordi Pujol y que llegó a reunir hasta 1.200 personas. Eso sí, aquella chocolatada no pasaba el filtro de las dietas de este año, con leche semidesnatada y leche sin lactosa o bebidas vegetales para los que así lo querían. Las tazas del chocolate ahora son de cristal y el cava había desaparecido para dar paso al agua natural y con gas kilómetro cero.
De entre las cosas más sorprendentes de esta jornada única en el mundo está el observar cómo un extranjero queda absolutamente fascinado por algo desconocido para él. Por mucho que antes se le haya explicado la magia de la jornada, si además ha de firmar libro, supera siempre cualquier expectativa. Me explicaban Robert Amsterdam, fundador del despacho de abogados Amsterdam & Partners, con sede en Estados Unidos y en el Reino Unido, y el fiscalista Christopher Wales, que hace años que denuncian abusos de la Hacienda española, que la jornada que habían vivido en Barcelona firmando libros era única. Amsterdam y Wales han decidido plasmar su posición en un libro, Hacienda y el Estado Dual, en el cual explican cómo actúa el Estado hacia los contribuyentes y cómo creen que debería hacerlo. Pero lo que me decían estos dos abogados no es nada diferente a lo que me han explicado escritores del mundo entero que acudían a Barcelona para firmar libros y cómo quedaban envueltos en una magia que los tenía durante toda la jornada en un estado de excitación desconocido.
Quizás el tema de conversación más compartido ha sido la situación de la lengua catalana, su pérdida de peso y también de protagonismo
El Nacional aprovechó la celebración de su décimo aniversario para salir a la calle en un estand ubicado en la plaza Catalunya, en el que durante muchos momentos se encontraron políticos, empresarios y escritores que nos acompañaron en una de las celebraciones que llevaremos a cabo este 2026, en el que celebramos nuestro décimo aniversario. Durante unas horas, la política parece un tiempo muerto en el que se ven situaciones que en otros momentos cuestan mucho ver, ya que la tensión y las posiciones antagónicas en muchos temas llenan todo el escenario. Quizás el tema de conversación más compartido ha sido la situación de la lengua catalana, su pérdida de peso y también de protagonismo. El día era el adecuado porque la venta de libros es mayoritariamente en catalán y la lengua propia del país atraviesa dificultades como nunca. El resumen era concluyente: se han de hacer más cosas, muchas más cosas, y han de empujar más los medios públicos y las administraciones.
Madrugador como ninguno, el alcalde Jaume Collboni, y, entre otros, el presidente del Parlament, Josep Rull; el president Artur Mas; el conseller de Política Lingüística, Francesc Xavier Vila; la expresidenta del Parlament Laura Borràs; el presidente de ERC, Oriol Junqueras; el secretario general de Junts, Jordi Turull; la exconsellera y portavoz de ERC, Esther Capella; el concejal de Seguretat Ciudadana del Ayuntamiento de Barcelona, Albert Batlle; la presidenta del Grup Parlamentari de la CUP, Pilar Castillejo; los exconsellers Jaume Giró y Joan Ignasi Elena; la secretaria general de ERC, Elisenda Alamany; el presidente de la ANC, Lluís Llach; la presidenta del grupo de Junts al Parlament i el portavoz, Mònica Sales y Salvador Vergés; el portavoz de los Comuns al Parlament, David Cid; los diputados Albert Batet, Toni Castellà, Josep Rius y Francesc Dalmases; el abogado Gonzalo Boye. El president Carles Puigdemont envió un mensaje en vídeo desde su exilio en Waterloo. A todos ellos, muchas gracias. Igual que a los lectores y seguidores que nos quisieron acompañar en algun momento de la jornada.
