La decisión del Tribunal Administrativo del Deporte (TAD) de considerar tan solo falta grave el comportamiento del presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, es un auténtico bofetón al Consejo Superior de Deportes (CSD) y al ministerio de Cultura, que dirige el catalán Miquel Iceta. La primera consecuencia y la más importante es que el CSD no puede suspenderle en el cargo, como había anunciado, cosa que sí habría podido hacer si la decisión del TAS hubiera sido de falta muy grave. Más allá de las palabras que siguieron al pronunciamiento del TAD y de la contundencia dialéctica de Iceta en una comparecencia pública, es que, hoy por hoy, Rubiales se le ha escapado al gobierno, y el serial y el ridículo que sobrevuela el mundo del deporte español es estratosférico.
Iceta y su equipo vendió la piel del oso antes de cazarlo, y lo más llamativo es que de los siete miembros que componen el TAD, cuatro han sido designados por el Consejo Superior de Deportes, o sea, por el ministerio de Cultura y, si seguimos escalando, por el gobierno de Pedro Sánchez. A la vista de la actual situación, alguien no se esmeró lo suficiente en la elección de los miembros del TAD. O, quizás, son ciertas las noticias que se han conocido en las últimas horas de que al ministerio se le pasó aprobar el reglamento sancionador que desarrolla la ley del Deporte, vigente desde diciembre. Un tema no menor, ya que con el reglamento vigente la sanción máxima por los hechos juzgados es grave y no muy grave. Nadie debió caer en eso a principios de año, se lanzaron a la campaña de las municipales y de ahí a la disolución de las Cortes y convocatoria del 23-J y, ahora, aparece el problema.
Sea como sea, el problemón para Iceta es importante. El atajo tomado, pedir al TAD que lo suspenda cautelarmente, quizás prosperará, pero francamente las cosas se podían haber hecho mejor y actuado con más esmero dado el enorme impacto mediático que ha causado a nivel internacional la actuación de Rubiales y que ha generado una cascada de solidaridad con la futbolista Jennifer Hermoso, empezando por las futbolistas que conquistaron recientemente el título de campeonas del Mundo en Australia y que se han negado a volver a disputar un partido si Rubiales no dimite. Además, las jugadoras han convocado una huelga de dos jornadas en el inicio de la liga.
Todo este tipo de noticias, como la del TAD, lo único que consiguen es rebajar en la sociedad la importancia de la gravedad de los sucesos acaecidos en Sidney con Rubiales en el centro neurálgico del problema. Y ello es especialmente importante, ya que de lo que se está hablando es de si hubo o no un comportamiento machista muy grave y también un abuso de poder. El TAD considera que no hubo abuso de poder, algo que —por todo lo visto— es muy, muy, discutible y —por las imágenes que se han ido conociendo— bastante incomprensible. Cualquier atenuante no hace sino poner sordina a la trascendencia de un comportamiento inaceptable en unos momentos en que, además, hay en juego la necesidad de que se instale en el conjunto de la sociedad una mayor sensibilidad ante este tipo de actos en el día a día.