Que la Policía Nacional haya tardado casi 24 horas en anunciar que abriría una petición de información para poder investigar la agresión, por parte de agentes del cuerpo, a un aficionado del Fútbol Club Barcelona en Elx por llevar una estelada, no deja en muy buen lugar al Ministerio del Interior. Entre otras cosas, porque desde el mismo domingo por la noche circulaban por las redes sociales diversos videos de la agresión. Como tampoco queda en muy buen lugar la Fiscalía, siempre tan atenta a actuar cuando se trata del independentismo. El joven agredido, presuntamente menor de edad, no se comportó con violencia, no portaba objeto alguno que pudiera intimidar a los agentes. Tan solo una bandera estelada alrededor del cuerpo y se encontraba junto a un grupo de aficionados del Barça en las inmediaciones del estadio Martínez Valero esperando el inicio del partido.
Los golpes de porra fueron gratuitos, ya que no había amenaza alguna para su integridad y la fuerza empleada por la Policía Nacional fue absolutamente desproporcionada
Los agentes policiales se comportaron con rabia y ensañamiento. Los golpes de porra fueron gratuitos, ya que no había amenaza alguna para su integridad y la fuerza empleada por la Policía Nacional fue absolutamente desproporcionada. Una vez más, se produce un mal precedente, porque el uso de esteladas en competiciones deportivas en las que participan equipos catalanes y, de manera muy especial, el FC Barcelona está plenamente normalizado. Vale la pena situar algún precedente: en 2016, en la final de la Copa del Rey, disputada frente al Sevilla, en el campo del Atlético de Madrid, gobernaba el Partido Popular. La delegada del Gobierno español, Concepción Dancausa, prohibió la exhibición de esteladas durante el partido y se presentaron dos recursos en los juzgados.
El juzgado de lo contencioso-administrativo número 11 de la Comunidad de Madrid estimó parcialmente el recurso presentado por Drets y permitió que los aficionados barcelonistas llevaran al estadio las esteladas, ya que la exhibición de banderas independentistas ni incitaba a la violencia, el racismo o la xenofobia, sino que era una manifestación de libertad ideológica y del derecho a difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones. Ese permanente tufo a que actuar con violencia contra el catalanismo en general sale gratis, puede siempre más que la cordura, la proporcionalidad y el comportamiento de un Estado de derecho.
El violento golpe de un policía al joven en la cabeza, cuando ya estaba maniatado en el suelo, es un acto de violencia gratuita. Y los gritos de un energúmeno, cuando se desata la furia policial, gritando "más fuerte" y "claro que sí", un ejemplo más de la catalanofobia; siempre a punto para generar actos de crueldad. Un castigo ejemplar contra los agentes es imprescindible. Una intervención de la Fiscalía, también. Y un pronunciamiento claro de la justicia, también. La temporada futbolística acaba de empezar y no puede ser que los aficionados del Barça sean amenazados, vilipendiados y humillados. Lo que ha sucedido en Elx es absolutamente condenable y no puede volver a pasar.
