Aunque aún es pronto para conocer las consecuencias que tendrá la peste porcina africana (PPA) en Catalunya, detectada inicialmente en varios jabalíes hallados muertos en Cerdanyola del Vallès y, más adelante, durante este fin de semana, se han encontrado una docena más en la zona del parque natural de Collserola, ninguna de las medidas adoptadas hasta la fecha por el Govern es exagerada. Tampoco la prohibición inédita de desplazarse por el interior del parque y zonas colindantes, que no ha sido cumplida a rajatabla, donde estaban prohibidas las actividades de ocio y deportivas, la caza y los trabajos forestales. Los doce municipios afectados dentro de este radio —Sabadell, Sant Quirze del Vallès, Polinyà, Santa Perpètua de Mogoda, Montcada i Reixac, Ripollet, Barbera del Vallès, Badia del Vallès, Cerdanyola del Vallès, Sant Cugat del Vallès, Terrassa y Rubí— tienen por delante una labor ingente que no podrán abordar en solitario y será exigible una coordinación permanente y exhaustiva con la Generalitat.

Si a alguien no le debe haber sorprendido tanto como a sus compañeros de Govern debe haber sido al conseller de Agricultura, Òscar Ordeig, natural de la Seu d’Urgell y que en los últimos años se ha hartado de escuchar payeses y ganaderos pronosticando que con la propagación del jabalí y su llegada a zonas muy habitadas un día habría una desgracia. Pero los mensajes de los payeses no se los escucha nadie: era más divertido ir a hacerse fotos o darles comida. Cuando se ha querido corregir ya ha sido tarde: están en todos sitios y los contenedores de basura es uno de los espacios más visitados. Aunque la peste africana no es contagiosa a los humanos, sí lo es y de manera importante entre el jabalí y el cerdo que se cuida en las granjas. 

La carne de porcino representa el 19,3% de las exportaciones de alimentos y bebidas desde Catalunya, según datos de 2024

Estamos ante los primeros casos que se detectan en España desde 1994 y las primeras medidas negativas ya se conocen con la normativa vigente: la obligación de confinar granjas en la zona, estableciéndose una zona de vigilancia de 20 kilómetros a partir del foco, donde quedan restringidos los movimientos de animales de las explotaciones y la paralización de las exportaciones fuera de la Unión Europea. Como el cierre de las exportaciones a países terceros, en este caso a los de fuera de la UE es automático, ya ha entrado en vigor. La importancia del sector queda perfectamente establecida en este dato: la carne de porcino representa el 19,3% de las exportaciones de alimentos y bebidas desde Catalunya, según datos de 2024.

La Generalitat ha pedido ayuda a la Unidad Militar de Emergencias (UME) del ejército español y un equipo de reconocimiento del grupo de intervención en emergencias tecnológicas y medioambientales ya ha salido de Torrejón de Ardoz. Vale la pena recordar ahora una rueda de prensa de Unió de Pagesos del pasado mes de enero en la que, además de aportar datos positivos como que Catalunya había contribuido a la mitad de las ventas al extranjero del conjunto del Estado —el primer productor de cerdo de Europa, con el 24% del total—, en 2024 crecieron las exportaciones en la Unión Europea —sobre todo a Francia, Italia y Portugal—, y eso, junto con un aumento de ventas en países como Filipinas, han permitido compensar el retroceso de las exportaciones en China. Y se felicitaba el sindicato de que España continuara libre de PPA e insistía en pedir más vigilancia en el movimiento de animales y un control exhaustivo de la fauna salvaje. El sector era consciente de que la expansión de la enfermedad en España tendría un impacto muy negativo y "truncaría del todo" la exportación en países terceros, como está pasando en Alemania. Pues ese momento ha llegado.