Que Junts lo iba a tener difícil para las próximas elecciones en la ciudad de Barcelona y que repetir el resultado del año 2023, en que el alcalde Xavier Trias fue capaz de alcanzar la victoria, sería una tarea imposible, era algo sabido por todos. Lo que no se podía saber es que, por culpa de unos o de otros, cuando faltan doce meses para los comicios, estuviera todo el trabajo por hacer: el que tenía todos los números para ser candidato, Josep Rius, se retira de la carrera; el aspirante al que habían tratado de apartar, Jordi Martí, decidiera proseguir en la carrera, y los diferentes candidatos a los que se les ofreció ocupar la cabeza de cártel fueran dando calabazas, uno tras otro, con las más variopintas excusas. Lo cierto es que aquel brillante resultado de 11 concejales en 2023 frente a los 10 de Jaume Collboni y los 10 de Ada Colau formará parte de una historia bien curiosa que convierte a Trias en el único que ha sido capaz de ganar a los socialistas —en dos ocasiones; la otra fue en 2015— desde las filas del centro sociológico desde las primeras elecciones municipales de 1979.

Junts per Catalunya tiene una verdadera patata caliente que, hoy por hoy, parece insolucionable. ¿Primarias abiertas? ¿Proclamación de Martí? ¿Seguir intentando un nuevo nombre? ¿Buscar una alternativa dentro del partido? Pero el tiempo se está acabando, sobre todo porque han sido ellos mismos los que han ido poniendo encima de la mesa diferentes calendarios que no se han cubierto. A todo ello, hay otro elemento nada menor, que son las expectativas electorales, que, si hemos de hacer caso a las encuestas, proyectan una subida significativa del PSC tras cuatro años de alcaldía de Jaume Collboni y un resultado muy pobre para el partido de Carles Puigdemont, que le haría retroceder hasta la tercera, cuarta e incluso quinta posición y le costaría superar los cinco concejales. Vamos, Junts volvería a los resultados de 2019 y que encabezaron Quim Forn —en prisión preventiva entonces— y Elsa Artadi, que, de facto, fue quien llevó la campaña y dirigiría el grupo municipal hasta el año 2022, fecha en la que abandonó la política para pasar a la empresa privada.

La persistencia de Jordi Martí tiene su mérito y ha reclamado en esta recta final tres cosas: su condición de heredero natural de Trias, al que acompaña desde tiempos inmemoriales; su presidencia del grupo municipal desde que Trias abandonó las responsabilidades en el ayuntamiento, en julio de 2024, y, en último lugar, que cree que, no habiendo encontrado Puigdemont ningún candidato de peso político relevante, no está obligado a dar un paso al lado. Eso lo hubiera hecho si estuviera claro que encima de la mesa hay un aspirante mejor que él y con más posibilidades de sacar un mejor resultado. No hubiera dado batalla, por ejemplo, si en su día Artur Mas y Carles Puigdemont se hubieran puesto de acuerdo para la candidatura del primero. Tampoco lo hubiera hecho con Quim Forn o incluso con el presidente de FemCat, Tatxo Benet, que, al final, se acabó autodescartando. Otros nombres sondeados, quizás, también le hubieran servido a Martí para no mantener su candidatura a ser el alcaldable.

Los próximos pasos de Junts, a partir de ahora, son una incógnita que deberá resolverse en un plazo de tiempo no muy lejano

A Rius le ha pasado todo lo contrario. Era el candidato favorito por la dirección de Junts —Puigdemont, Turull, etcétera—, pero su proclamación no llegaba nunca. Y, mientras, iban surgiendo alcaldables posibles que eran sondeados. Eso le había acabado convirtiendo en un aspirante que, ante una parte de la opinión pública, casi lo era por descarte. Al final, este lunes ha tirado la toalla en una decisión que, seguramente, es también lo mejor para él. En su nota dice que es para evitar la confrontación con el presidente del grupo municipal en Barcelona, cosa que, siendo también verdad, no es, ni mucho menos, el elemento determinante de su decisión. Los próximos pasos de Junts, a partir de ahora, son una incógnita que deberá resolverse en un plazo de tiempo no muy lejano. Al final, solo Junts y Aliança Catalana no han designado sus respectivos alcaldables a la capital catalana. Y los segundos, porque también le han fallado las ofertas que hicieron. Hay quien cree en Junts que, al apartarse Rius, se puede abrir una nueva ronda con posibles aspirantes, pero tampoco tiene por qué ser más fácil. O también mirar de convencer a algún peso pesado de la organización que hasta ahora no estaba en ninguna quiniela. En fin, que nadie sabe con absoluta seguridad si queda mucha tela por cortar.