Cualquiera que se acerca estos días a pulsar el estado de ánimo de los socialistas escucha, más o menos, lo mismo: “No podemos estar peor. A ver si la visita del Papa y el verano cambian el escenario”. Y pronostican la voluntad de hacer cosas —presupuestos o lo que sea— que reviertan el único relato de estos tiempos: el judicial y los casos de corrupción. Cuando uno se acerca a los dirigentes del Partido Popular, oye cautela y expresiones como “no hay que precipitarse”, “no podemos mover ficha y que el único beneficiado sea el PSOE”, o también “a nosotros las cosas ya nos van bien”. En las filas de Junts —la bisagra de Pedro Sánchez para continuar y los siete votos imprescindibles para Alberto Núñez Feijóo— hacen, puertas afuera, como si la cosa no fuera con ellos e insisten una y otra vez que ellos solo tienen siete diputados y que si alguien quiere algo, ya tocará a su puerta.
Y en ese peregrinaje hacia ningún sitio llevamos varios meses y, además, con un convencimiento: la legislatura ha colapsado y no hay en el horizonte ningún interés por parte del PSOE y del PP de alterar el ciclo menguante de la legislatura. En esta semana que se ha acabado, Pedro Sánchez ha enseñado alguna carta de futuro, como que no habrá superdomingo electoral y municipales y autonómicas no coincidirán con las elecciones españolas. Era una exigencia del PNV que busca inexorablemente separar ambas citas con las urnas, ya que se juega algo tan importante en Euskadi como el control de las diputaciones forales, claves para el concierto económico y la posterior negociación del cupo con el Gobierno.
La legislatura ha colapsado y no hay en el horizonte ningún interés por parte del PSOE y del PP de alterar el ciclo menguante de la legislatura
Lo cierto es que, por una razón o por otra, todos parecen adaptados a que el tiempo vaya transcurriendo siguiendo aquella célebre regla de los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola, que ha llegado hasta nuestros días algo alterada, y que dice “En tiempos de tribulación no hacer mudanzas”. Preocupaciones tienen todos, ya que no hay encima de la mesa ninguna carta definitiva que quiebre la situación actual. ¿Pedro Sánchez lo podría lograr con un acto de humildad y de reinicio de la legislatura que calendarizara una solución real a la financiación autonómica que se asemejara realmente al concierto económico? Quizás sí, aunque las expectativas están muy bajas en Junts, ya que los incumplimientos son muy altos. Pero con ese movimiento y el del Tribunal Constitucional, cerrando el incumplimiento de la amnistía, habría, al menos, argumentos.
Pero Sánchez tiene encima de la mesa tantos casos judiciales que está más dedicado a achicar agua que a remontar la legislatura. El Partido Popular está dividido entre los que le piden que haga algo y los que aconsejan a Feijóo que espere. El presidente del PP se saca de encima consejos de unos y de otros y se limita a puntualizar que los agradece, pero sabe lo que tiene que hacer. Aparentemente, nada. Algunos mensajes, algunas conversaciones puntuales y solo de materia económica, y rehusar negociaciones o puentes de mayor calado. Aplicada aquí la frase exacta de San Ignacio: “En tiempos de desolación, no hacer mudanza”. Y con Aznar intentando marcar el ritmo: “No tiene sentido presentar una moción de censura si no se va a ganar. Y punto”, dice.