El Papa en cuatro actos

Quizás la única manera de analizar la visita del papa León XIV a Catalunya es parcelando los cuatro momentos más significativos de las 48 horas que ha pasado con nosotros: la multitudinaria vigilia en el Estadi Olímpic Lluís Companys, el rezo del Santo Rosario en la Abadia de Montserrat, el encuentro con los reclusos de la prisión de Brians 1 y la visita a la iglesia de Sant Agustí en el barrio del Raval y, finalmente, la misa en la Sagrada Família y la bendición del pináculo central de la iglesia —la torre de Jesús—, que, con sus 172,5 metros de altura, se ha convertido en la iglesia más alta del mundo. León XIV ha dejado varios registros en una compleja gestión de la diplomacia vaticana con la Conferencia Episcopal Española y el polémico arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella.

Si la mirada estaba puesta en lo que sucedía en la Sagrada Família, por la multitudinaria misa y la proyección mundial de la bendición de la torre de Jesús, la liturgia utilizada en el incomparable templo ha tenido, igual que en el conjunto del viaje, el sello de la elegancia y la estética, en comparación con una cierta vulgarización de Madrid. Respecto a la bendición de la torre de Jesús y la esperada presencia del catalán, el Vaticano modificó la primera versión distribuida —que era solo en castellano— y dio al catalán un peso significativo al inicio y al final de la bendición de León XIV. El espectáculo de música y luces con que acabó el acto de la Sagrada Família fue de una majestuosidad y calidad excepcionales, y de una originalidad que recordó mucho, por la sorpresa y la excelencia, a la de los Juegos Olímpicos de 1992.

A buen seguro, León XIV abandona Catalunya con un conocimiento muy superior al que tenía

La españolización del acto, con el desembarco de los Reyes, el presidente del Gobierno y su esposa y hasta catorce ministros del Gobierno, supone un hito sin precedentes y ya daba una cierta idea del intento de aprovechamiento del acto.  El motivo no fue, obviamente, su catolicismo, ni su impronta religiosa —aunque tres de ellos, Óscar Puente, José Manuel Albares y Margarita Robles, se han declarado creyentes—, ya que a la misa que se celebró en la plaza Cibeles de Madrid tan solo acudió un único miembro del gobierno, Milagros Tolón, ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes. Cosas de la política, sin duda. Y de la marca España.

La visita a Montserrat, que sirvió de clausura del milenario de la Abadía, certificó el peso del monasterio como patrona de Catalunya, cuna de la catalanidad y un cierto refugio de la lengua y la cultura del país, que siempre ha identificado a la montaña y la comunidad benedictina. El cuidado y emotivo acto de la basílica respetó las esencias del monasterio, las referencias a Catalunya —ensalzando, por ejemplo, su capacidad integradora a la hora de acoger personas de otros países— y el uso del catalán. León XIV priorizó el uso de la lengua propia del país, en un gesto que no pasó desapercibido. Montserrat no era territorio Omella y eso, sin duda, se notó significativamente.

Pero el viaje también ha tenido un fuerte componente social, con su presencia en Brians 1 y en el Raval de Barcelona. En la prisión y en el Raval, donde subrayó la necesidad de situar a las personas en el centro de las preocupaciones de la Iglesia, en un momento en que el Papa quiso alzar la voz para denunciar que parecía haberse perdido el sentido sagrado del ser humano. De hecho, en la iglesia de San Agustín, fue el único sitio de los visitados en las 48 horas en Catalunya en que se saltó manifiestamente el protocolo y resaltó que se sentía como en casa, en clara referencia a los que allí presentes ayudan a los que sufren, a los mayores, a los que viven solos y a los necesitados del perdón.

A buen seguro, León XIV abandona Catalunya con un conocimiento muy superior al que tenía. Empezando por nombrar a Gaudí por su nombre de pila, Antoni, a diferencia de Omella, que insistía en llamarle 'Antonio'. Una Catalunya que es plural, que se define nación, que ha salido a la calle masivamente a acompañarle durante su estancia y que comparte muchas de sus frases pronunciadas en estas 48 horas, algunas de tan significativas como que no podemos creer en Jesús y promover una guerra.