Se cumplirá este miércoles un año desde que el democristiano Friedrich Merz asumió el cargo de canciller federal de Alemania, el décimo en ocupar dicho cargo, en sustitución del socialdemócrata Olaf Scholz. No fue una victoria clamorosa la de la democracia cristiana, que tan solo subió una docena de escaños y, por el contrario, fue un descalabro para el SPD, que perdió 86 asientos en el Bundestag. El gran beneficiado de todo ello fue la ultraderecha AfD, que aumentó en casi 70 escaños y adelantó a los socialdemócratas. La tradición alemana de gobiernos de coalición orientó el gobierno hacia un acuerdo entre la CDU y el SPD que, lejos de ser una maquinaria engrasada como antaño, se ha visto salpicado por crisis, desencuentros y conflictos internos, algo que no solo es una mala noticia para Alemania, sino también para Europa, que en un momento de máxima tensión internacional tiene a su locomotora con el motor gripado.

No es mucho mejor la situación de Francia, que celebrará elecciones presidenciales en abril del próximo año, a las que no se podrá presentar a la reelección Emmanuel Macron. El presidente de Agrupación Nacional, Jordan Bardella, candidato de la ultraderecha, va ampliamente en primer lugar en las presidenciales y sus opciones de llegar al Elíseo aumentarán o disminuirán en función de quién sea su rival. Por paradójico que parezca, un candidato de izquierda como Mélenchon refuerza a Bardella y una alternativa más templada, como el ex primer ministro Édouard Philippe, capaz de disputar los votos de centroderecha, podría llegar a impedir la llegada de la formación de Marine Le Pen al poder.

Un 80% de alemanes están insatisfechos con su gestión, un récord absoluto, ya que nunca antes un canciller había tenido tal grado de desaprobación entre sus ciudadanos

Con esta cartografía, lo que suceda en Alemania y Francia no es, ni mucho menos, indiferente para nosotros. El primer año de Merz amenaza grietas por todos lados: un 80 % de alemanes están insatisfechos con su gestión, un récord absoluto, ya que nunca antes un canciller había tenido tal grado de desaprobación entre sus ciudadanos. Otro dato: en un ranking de popularidad entre 20 políticos germanos del momento, Merz ocupa el último lugar, por debajo de cualquier dirigente de otro partido. La causa principal de su retroceso electoral se encuentra en sus medidas de carácter militar, como la reintroducción del servicio militar voluntario o el drástico aumento del gasto militar en Defensa. De este desplome electoral no se aprovecha el SPD, que continúa bajando, sino la ultraderecha de AfD, encaramada en las encuestas al primer lugar, con un 28 % de los votos.

La posición de Donald Trump forzando un mayor gasto de defensa en los países europeos tiene efectos devastadores. Nadie quiere gastar más, pero sin inversión de los Estados no se puede plantear una política de defensa europea. La disyuntiva no es fácil: ¿responsabilidad o demagogia? Siempre lo primero, aun a costa de que el trabajo para explicarlo a la ciudadanía sea lento y a veces doloroso. El camino de España con Pedro Sánchez en esta materia puede ser, quizás, rentable electoralmente, pero es enormemente insolidario con los socios europeos. Nuestra relación con Europa debe ser un camino de ida y vuelta. No vale pedir ayuda cuando hay problemas, como ha sucedido en varias ocasiones estas últimas décadas, y desentenderse cuando hay que arrimar el hombro.

Porque al populismo no se lo combate esquivando los problemas o poniéndose de perfil, sino haciendo pedagogía y apelando a la responsabilidad.