El hecho de que los nueve presos políticos recientemente liberados hayan recibido desde el viernes innumerables reconocimientos ciudadanos y este lunes un homenaje institucional en el Palau de la Generalitat y en el Parlament de Catalunya, encabezados por el president Aragonès y su Govern y la presidenta Laura Borràs y decenas de diputados, debería servir como un doble ejercicio de realismo. En primer lugar, para resaltar que el independentismo ha ganado la batalla interior, ya que Pedro Sánchez, en contra de lo que declaraba en 2018, ha tenido que devolverles la libertad. En segundo lugar, prisión y exilio se han retroalimentado mucho más de lo que parece, hasta conseguir que Europa pudiera comprobar que las deficiencias de la democracia española y su comparación con Turquía son un lastre para un continente que se vanagloria de ser un baluarte de los derechos humanos.

Nadie sabe a ciencia cierta qué sucederá cuando el Gobierno rechace, que lo hará, la amnistía, el referéndum y la autodeterminación ya que no hay una cartografía prevista para ello. Como tampoco se sabe cómo responderá el independentismo a la oleada de represión en forma de juicios fake que aún quedan por celebrarse y que están cuidadosamente programados. El primero, ese llamado Tribunal de Cuentas y que ha sido imaginativamente rebautizado con el nombre de Tribunal Que Pasa Cuentas y que muy probablemente este miércoles notificará fianzas millonarias a una cuarentena de altos cargos entre 2011 y 2017, empezando por Puigdemont, Mas y Junqueras.

La tercera R de la jornada es de reencuentro. Después de casi tres años, un president de la Generalitat se entrevistará en la Moncloa con el presidente del Gobierno de España. Los dos equipos han preparado cuidadosamente los gestos de estas últimas semanas para que la cita se celebre con una tensión controlada. Los indultos y las declaraciones de Oriol Junqueras señalando que "la actitud del Gobierno español es la mejor en una década" a buen seguro han allanado el camino a Aragonès, que no tiene nada fácil encontrar un relato que transmita confianza en el diálogo entre gobiernos y no despiste al independentismo.

La agenda catalana y la solución al conflicto deben empezar a abrirse paso en la línea con los discursos que se han pronunciado este lunes en la Generalitat y en el Parlament. Los indultos no están en el debe del independentismo con Sánchez, y eso, que cuesta tanto de entender en Madrid, debe quedar meridianamente claro. La propuesta catalana está clara: ha llegado el momento de que Sánchez descubra sus cartas y se deje de juegos malabares.

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