Solo un país absolutamente obsesionado por imponer, al precio que sea, el falso relato de su unidad puede ser tan acrítico con el fracaso que ha supuesto en vidas humanas el mando único para abordar la crisis de la pandemia del coronavirus. No hay día en que aquella fatídica decisión de arrebatar a las autonomías sus competencias en materias, fundamentalmente, de salud y de orden público no acabe provocando un grave quebranto para los ciudadanos. Lo que se intentó hacer para evitar a toda costa la comparación entre la eficiencia de las diferentes autonomías y entre estas y el gobierno central ha supuesto un retraso enorme en el control del virus y ha comportado una alarmante demora en compras tan elementales como las mascarillas o los test para conocer el número de infectados.

El último bochorno se ha producido este viernes cuando el ministerio de Sanidad ha tenido que retirar cientos de miles de mascarillas que había distribuido entre las comunidades autónomas y tenían como destinatarios los profesionales sanitarios. Varios millones se pusieron en circulación hasta que el hospital Parc Taulí de Sabadell detectó que eran defectuosas ya que el nivel de penetración del material filtrante tiene que ser de menos del 6% y en estas mascarillas los dispositivos de protección se elevaban en algunos casos al 30%. Es decir: una verdadera chapuza. "Las hemos estado usando una semana", destacaba irritado un sanitario andaluz este viernes.

¿Y qué decir del número de personas fallecidas por el coronavirus una vez Catalunya ha introducido, con acierto, un nuevo sistema de recuento y ha incorporado los fallecidos fuera de los centros hospitalarios? Madrid se ha sumado al sistema que es mucho más transparente y ha pasado de 7.000 fallecidos a casi 13.000. ¿Alguien piensa que con este lamentable balance de la gestión va a ser fácil ir a la Unión Europea a pedir ayudas o a plantear, como hace Pedro Sánchez, la mutualización de la deuda? ¿Quién se va a jugar los cuartos con un gobierno que no sabe ni comprar mascarillas en el extranjero ni sumar a sus muertos por el coronavirus?

Obsesionados como están en la Moncloa por hacer de la pandemia una enorme campaña publicitaria por la unidad bajo el lema 'este virus lo paramos unidos' y en convertir las comparecencias públicas en la sede del Gobierno en un acto castrense por encima de cualquier otra cosa, mejor que alguien piense en hacer menos política y más caso a los profesionales y acabar, si puede ser definitivamente, con el caos existente. Quizás ha llegado el momento de dejar hacer de hacer el ridículo. Porque si no del pozo no saldremos en mucho tiempo.

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