Como una premonición de lo que está sucediendo en la vida política, este viernes hemos sabido que el telón de terciopelo rojo del Gran Teatre del Liceu se desprendió del techo hace unos días y hubiera podido causar una verdadera catástrofe ya que su peso aproximado es de unos 2.000 kilos. Por suerte, no había representación a la hora que se produjo el grave incidente, que se ha tratado deliberadamente de ocultar a la opinión pública por la dirección del teatre hasta que El Nacional lo publicó. Aunque habrá que determinar si hubo negligencia por parte del staff, con su máximo responsable Roger Guasch al frente, ya que se trata de un grave incidente, llama la atención que se haya tratado de echar tierra sobre el desplome del emblemático telón rojo cuando por en medio hay administraciones implicadas apoyando económicamente el coliseo lírico de la ciudad. También que se desconozca qué tipo de investigación interna se ha producido y si ésta ha dado pie a una denuncia a los Mossos o a la inspección de trabajo.

No fue el único telón el del Liceu el que cayó. La Operación Pika también bajó el telón. Al menos, hasta nuevo aviso. De la aparatosa operación mediática de la Guardia Civil y la Fiscalía, que tuvo en su fase inicial a 18 personas detenidas, ya no queda ninguna. Tampoco los que pasaron la noche en la comandancia de Tarragona y que salieron este viernes en libertad sin pasar ni tan siquiera por el juez de El Vendrell, que era el que había autorizado los registros pero no las detenciones. Tendría que ser muy preocupante para la Justicia que quedara en una parte muy amplia de la sociedad catalana la impresión de que ha habido demasiado montaje para tan pocos resultados y que la fecha de la intervención policial se escogió exclusivamente por motivos políticos. Para contraprogramar el juicio del 9-N que se inicia el lunes en Barcelona y que sentará al president de la Generalitat que convocó la consulta participativa en el banquillo de los acusados, en un hecho realmente excepcional.

También bajó el telón, si es que no estaba ya por los suelos, de la Operación Diálogo. En esta ocasión, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría incluso se permitió el lujo de celebrar un acto en el aeropuerto de El Prat sobre infraestructuras sin invitar siquiera al conseller del ramo, Josep Rull. Hemos pasado de la Operación Diálogo a la Operación Monólogo. Y todo para anunciarnos que el tren lanzadora entre Barcelona-Sants y El Prat se retrasaría más allá del 2018, que era cuando estaba previsto que estuviera en funcionamiento. Los monólogos de Gila eran, al menos, más divertidos, y cuando llamaba por teléfono a su enemigo desde la guerra uno se reía. No como ahora.

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