Las ondas sísmicas de la aplastante derrota de la izquierda en las elecciones de Madrid van a tener consecuencias en Catalunya y no van a ser buenas. Se va a imponer la lógica socialista en situaciones de crisis: del independentismo, cuanto más lejos mejor. No es un eslogan, es una frase de un importante dirigente del PSC en la noche del martes. No va a haber un rearme del autodenominado gobierno más progresista de la historia hacia la izquierda, ni una mirada diferente de los problemas territoriales y mucho menos una solución a la agenda catalana, que si no ha existido nunca, mucho menos a partir de ahora. El PSOE se dirige a disputar el centro y no enervar a ninguno de sus barones territoriales, ya que cualquier movimiento que realice en la dirección equivocada le supondrá la pérdida de algún territorio.

Si mueve pieza con los indultos, el partido le va a estallar a Pedro Sánchez en mil pedazos y, por ejemplo, el presidente de la Junta de Andalucía, el popular Juanma Moreno, se va a encontrar con una pista tan grande como la de Isabel Díaz Ayuso para aplastar a los socialistas en su principal granero de votos. Eso por no hablar de los Javier Lambán (presidente de Aragón) o Emiliano García-Page (Castilla-La Mancha), socialistas ambos pero perfectamente intercambiables con los del PP en el tema catalán. Este fin de semana será un revival de Bonos diversos marcando la agenda a Sánchez y en algún momento no muy lejano rematará a buen seguro Felipe González. Eso está cantado.

La sangre que se chapotea en Ferraz cuesta poco de imaginar conociendo la legión de gente socialista que esperaba desde hace tiempo un castañazo así de Pedro Sánchez. Es de una enorme ingenuidad pensar que, ante esta situación, el presidente va a hacer lo que no ha hecho hasta la fecha cuando las condiciones eran óptimas. O, si no, es desconocer cómo se comporta el poder en Madrid, del que, lamentablemente, la actual generación política con mando en Catalunya solo ha conocido los despachos de los secretarios, por más teléfonos móviles que tengan anotados en sus agendas o por más mensajes que se intercambien. El poder de verdad no circula por Whatsapp.

El Tribunal Supremo, que forma parte del poder del Estado —si no es el poder del Estado—, bien ha sabido leer los resultados de Madrid. Le ha faltado tiempo para enviar doce providencias, una a cada uno de los presos políticos encarcelados, dándoles cinco días para defender sus indultos ante la Sala Segunda del TS, la encargada de presentar el informe al Ministerio de Justicia, en el que expliquen los motivos para aceptar el indulto que otros han pedido para ellos. La exasperante lentitud demostrada hasta la fecha contrasta con la rapidez tras la aplastante victoria de Ayuso. Hay ganas de colocar ahora el problema encima de la mesa de Sánchez.

Aunque han pasado muy pocas horas de la batalla de Madrid, la agenda española va a pasar por otras coordenadas. Òmnium Cultural ha leído bien la jugada y ha reiterado que el único camino es la amnistia... que el PSOE tampoco aceptará. Pedro Sánchez va a hacer de la Moncloa un fortín a prueba de paracaidistas de la derecha y de los críticos de su propio partido mientras reparte él solito el dinero de los fondos europeos. El independentismo catalán deberá decidir cómo juega esta nueva partida una vez han cambiado tantas cosas.

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