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Para los que han seguido la carrera política de Salvador Illa no debe ser ninguna sorpresa el aval invariable a Pedro Sánchez, que lo hizo ministro de Sanidad en enero de 2020, cargo en el que permaneció durante algo más de un año. Fue el ministro que tuvo que gestionar la pandemia del coronavirus y ello hizo que tuviera un protagonismo político y mediático impensable cuando ocupó el cargo. Illa ha explicado, en varias ocasiones, que en aquella excepcional situación política trabó una relación de confianza que, sin variación alguna, se ha extendido hasta la fecha. Cuando dejó el cargo de ministro fue para optar a la presidencia de la Generalitat en las elecciones de 2021, que ganó, pese a que no pudo gobernar, cosa que sí lograría en agosto de 2024. En los más de seis años transcurridos desde que las carreras políticas de Sánchez e Illa se cruzaron, no se conocen desencuentros entre ambos y el líder de los socialistas catalanes siempre ha cerrado filas con el primer secretario del PSOE.

Eso, que podía tener un valor relativo en los momentos de bonanza del gobierno socialista, ha acabado siendo un activo inestimable para el PSOE, ya que, además, Catalunya es una de las pocas autonomías con jefe de gobierno socialista, junto a Castilla-La Mancha y Asturias. El estallido del caso Zapatero, que amenaza con colapsar al PSOE ante un caso judicial de gran trascendencia, no es uno más, sobre todo por lo que representa en las filas socialistas el expresidente y las graves acusaciones del juez José Luis Calama de la Audiencia Nacional: tráfico de influencias, organización criminal, falsedad documental y blanqueo de capitales, con conexiones con canales financieros opacos y operaciones de lavado de dinero de origen venezolano.

También aquí ha tenido que salir Illa en auxilio de Zapatero y lo ha hecho de manera contundente en la Fiesta de la Rosa que este domingo ha celebrado el PSC en Constantí. Frente a su único rival como presidente socialista en un gobierno autonómico, el castellanomanchego Emiliano García-Page, que siempre que puede aprovecha para marcar distancias de la actual dirección del PSOE, el líder del PSC se ha echado a la espalda a Sánchez y Zapatero, de una manera, incluso, aparentemente excesiva. Si tomamos como precedente la anterior crisis del PSOE, la de finales de los años 2000 con Zapatero en la Moncloa, incluso José Montilla, siendo president de la Generalitat, habló de la desafección catalana.

Este domingo, Salvador Illa ha defendido los valores del partido y del presidente español y ha invocado el talante de Zapatero

Este domingo, Salvador Illa ha defendido los valores del partido y del presidente español y ha invocado el talante de Zapatero. Y ha ido un paso más allá al definir los últimos días como una semana difícil y compleja en la que los socialistas han tenido que oír cosas muy duras "y con voluntad de hacer daño". Unas palabras en línea con las pronunciadas la semana pasada, cuando señaló que los socialistas respetaban la justicia, pero no eran ingenuos. Un camino muy diferente al de Page, que ha exigido a Sánchez mayor respeto con los jueces y ha apuntado que lo peor para el PSOE estaba por llegar. El PSC, que orgánicamente está separado del PSOE, como dos partidos diferentes que son, mantiene organizaciones separadas, pero, en la práctica, es más la independencia legal de la que gozan que la realidad del día a día.

Es evidente que hay una caza de Sánchez y Zapatero, pero es inexacto hablar de lawfare, ya que la información existente no permite sostenerlo. Y definir a Sánchez como referente de moral y dignidad es, cuando menos, exagerado