Las declaraciones del secretario de Guerra de la administración de Donald Trump, Pete Hegseth, afirmando este viernes en una rueda de prensa desde el Pentágono que el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí, estaría herido y, posiblemente, desfigurado después de los ataques llevados a cabo por Israel y Estados Unidos han añadido nuevos interrogantes sobre cual es la situación real en Irán, quien controla realmente el poder y si, realmente, como insiste tanto el presidente Donald Trump, la guerra está tan ganada por Estados Unidos y al régimen de los ayatolás solo les queda una mínima capacidad de respuesta militar. Hasta la fecha, según la cadena de televisión CNN, más de 2.000 personas, entre civiles y personal militar, han muerto como resultado de la guerra en Irán, mientras el conflicto alcanza su decimocuarto día en la guerra que estalló el pasado 28 de febrero.
Los rumores sobre la salud de Mojtaba Jamenei se han visto reforzados por el hecho de que, desde su designación como nuevo líder supremo, no ha aparecido en público y lo único que ha hecho ha sido realizar un comunicado sin voz y sin vídeo, solo un texto, en que hacía un llamamiento a la unidad. Realmente muy poco para tranquilizar a sus simpatizantes, que siguen esperando su reaparición. Mientras Estados Unidos e Irán juegan su propia batalla interna para imponer su relato a la opinión pública, Trump ha vuelto a desairar a los europeos, en esta ocasión, acordando con el presidente ruso, Vladímir Putin, la venta de petróleo a grandes economías, como China e India, dependientes del crudo del golfo Pérsico, que no les llega por el cierre del estrecho de Ormuz.
Hasta la fecha, según la cadena de televisión CNN, más de 2.000 personas, entre civiles y personal militar, han muerto como resultado de la guerra en Irán
No es una noticia neutra, ya que tiene efectos colaterales. En primer lugar, al autorizar Trump la compra de petróleo ruso de barcos en tránsito, se salta las sanciones a Rusia, indirectamente le da más recursos a Putin para mantener la guerra en Ucrania y deja a Zelenski como el patito feo que solo hace que molestar en el intento del presidente norteamericano de ir trazando alianzas con Putin que le permitan llevar a cabo sus operaciones en Oriente Medio, Venezuela o ahora Irán, mientras los rusos ganan posiciones allí donde más interés tienen, que es Ucrania. Es cierto que los presidentes de Rusia e Irán han mantenido dos conversaciones telefónicas en los últimos días, en un intento de Putin por aparecer sensible con Irán, que era su aliado. Pero nada de ello suena creíble, por más que Moscú tenga un acuerdo de asociación estratégica integral con Irán. Y eso que esta misma semana, Putin reafirmó el apoyo inquebrantable del Kremlin a Teherán, pero las declaraciones y los hechos se encuentran en las antípodas.
Mientras todo esto sucede, sigue produciéndose un fuerte movimiento de resistencia civil que el régimen intenta contener con amenazas de fuerza letal. Por un lado, la Guardia Revolucionaria ha advertido que cualquier intento de protesta contra las autoridades recibirá una respuesta más fuerte que las del pasado mes de enero, cuando murieron miles de personas. En los campus universitarios siguen existiendo focos de descontento y los estudiantes han realizado actos de desafío contra la dictadura de los ayatolás y el nuevo liderazgo de Mojtaba Jamenei. Finalmente, fuerzas de la policía y paramilitares del Basij mantienen patrullas constantes y puntos de control en las principales ciudades para evitar que el descontento social por el colapso económico y la guerra se transforme en un levantamiento masivo, algo que, por ahora, están consiguiendo. En esta situación, solo un detonante mayor que la actual guerra podría hacer evidente que la revuelta popular adquiriera una dimensión mayor que la que hemos visto y se hiciera irreversible el levantamiento.
