En medio de noticias tan preocupantes en nuestro país, como la seguridad de Barcelona —seis muertos a tiros en los últimos tres meses—, o de conflictos latentes en Catalunya, como la huelga de docentes o la de los médicos y el pésimo funcionamiento de Rodalies, la bendición de la torre de Jesús de la Sagrada Família ha permitido a Barcelona comparecer ante el mundo entero con sus mejores armas —talento, imaginación y creatividad—, en un espectáculo de luces y drones que quedará para la historia. Toca felicitar efusivamente a todos los que en ello han participado y lo han hecho posible, sin escatimar elogio alguno. La primera salida al extranjero de León XIV en su recién estrenado papado no podía tener una exhibición mejor, a la altura de lo que se espera que sea su magisterio. Barcelona ha tenido un chute de autoestima como hace tiempo que no se recordaba, y la gran obra de Antoni Gaudí, la Sagrada Família, ha subido, si aún podía, un escalón más como el nuevo icono mundial de la cristiandad.
No se podía aprovechar mejor el viaje del Papa a Catalunya y las casi 48 horas que ha pasado entre nosotros. Se avecina una nueva ola de turistas, después de que las televisiones de todo el mundo hayan divulgado la bendición y los principales medios de comunicación no hayan escatimado elogios ante una ceremonia que fue sencillamente una maravilla, con el broche final de cientos de drones silueteando en el cielo el rostro de Gaudí, con los colores azul y grana, mirando de frente a la Sagrada Família. Algo más de diez minutos de una representación en el exterior, al final de la misa, que difícilmente se volverá a repetir en décadas, ya que no es fácil una nueva iglesia como esta, un templo expiatorio que, cien años después de la muerte de su creador, se yergue completa a 172,5 metros y se presenta como la iglesia más alta del mundo. Una altura no elegida al azar, sino una muestra de la precisión arquitectónica de Gaudí, que no quiso que el templo superara Montjuïc, la montaña que forma parte del paisaje natural de Barcelona.
Barcelona ha tenido un chute de autoestima como hace tiempo que no se recordaba, y la gran obra de Antoni Gaudí, la Sagrada Família, ha subido, si aún podía, un escalón más como el nuevo icono mundial de la cristiandad
La diplomacia vaticana solventó con acierto muchas de las trampas que se le habían puesto a León XIV en los discursos o en las visitas de las 48 horas que estuvo en Catalunya. Así, desapareció misteriosamente una referencia a la unidad de España en el sermón de la Sagrada Família que había sido distribuido. El invisible tipex blanco del pontífice había resuelto de esta manera una referencia prescindible y molesta. La presión del protocolo del Estado para definir un acto marcadamente español llegó a extremos de disputa que, sin duda, se irán conociendo con el paso de los días y que sirve para explicar cómo el Estado tenía perfectamente diseñado un acto con los Reyes, el presidente del gobierno y catorce ministros en un desembarco que no tiene precedentes y que no se debe, precisamente, a la religiosidad del ejecutivo de Pedro Sánchez. En el caso de la visita de León XIV a Montserrat, la historia de su papado recordará cómo se encomendó específicamente a la virgen de Montserrat, de la misma manera que Juan Pablo II hizo con la virgen de Fátima.
Ese deseo de fijar territorio de las autoridades españolas jugó una mala pasada a sus promotores con un incidente que traerá cola: la expulsión de 600 cantaires que fueron encapsulados durante media hora y expulsados por intentar cantar Els Segadors. Las explicaciones que han ofrecido muchos de ellos rozan lo grotesco y las primeras peticiones de dimisión y de explicaciones de los partidos y entidades independentistas no han tardado en llegar. Agentes de la Policía Nacional los expulsaron por una salida que los dejó en la calle Mallorca y en aquel momento algunos todavía pensaban que los llevaban al acto de bendición de la torre de Jesús. Ya fuera, los Mossos d’Esquadra les bloquearon el paso y les explicaron que se trataba de una evacuación de emergencia. Hay imágenes de la policía secreta vigilándolos como si se tratara de peligrosos delincuentes y veremos, a partir de ahora, qué explicaciones, más allá de refugiarse en el protocolo y el guion establecido, se dan. Un innecesario cierre que deja muchas preguntas en el aire.