Es curioso cómo pueden cambiar las cosas en pocos días: los pasados días 30 y 31 de julio entraron en Ceuta, procedentes de Marruecos, 80.000 personas y parecía, según la versión oficial, que suerte habíamos tenido de la ayuda del rey Mohamed VI y su gobierno para volver a una falsa normalidad, que es donde estamos. El ministro del Interior tiraba pelotas fuera; a él nadie le había dicho nada. La ministra de Defensa salió en auxilio del CNI, que depende de ella, rectificando a Fernando Grande-Marlaska, que no se ha movido de su versión inicial. Como en los cómics de Zipi y Zape, se pasan la pelota el uno al otro y viceversa, pero lo cierto, lo indiscutible, es que no hicieron nada por torpes, por ingenuos o por inútiles.
Ahora, sin embargo, les han entrado todos los miedos ante los innumerables avisos en las redes sociales convocando a los marroquíes a una nueva invasión el próximo día 15. Los avisos van en la misma dirección que los que se produjeron hace dos semanas y no se hizo nada, pero ahora, al parecer, nadie quiere volverse a coger las manos. Tanto la ministra Margarita Robles como Marlaska han tomado una decisión drástica: suspensión total de los permisos a los militares españoles en aquella zona, igual que a los agentes de la Guardia Civil. La suspensión de los permisos es efectiva desde el jueves día 13, dos días antes de la convocatoria. Todos los efectivos que disfrutaban de sus vacaciones tienen que regresar a Ceuta, indistintamente de donde estén, por España o en el extranjero.
Moncloa había sido advertida previamente de la magnitud del riesgo —200.000 personas interesadas— como de una fecha especialmente peligrosa y, aun así, no se reforzó suficientemente la frontera
Es evidente que el Gobierno ha tomado buena nota de lo que ha publicado la prensa internacional, que no se ha creído la versión de Marlaska. El influyente Wall Street Journal publicó el domingo una pieza sobre los inmigrantes que cruzaron la frontera —¡misterio, ya son 80.000 según las autoridades españolas y cada día crecen unos miles!— y de los que no sabemos, con una mínima precisión, cuántos quedan, en la que aseguraba que España hizo poco para reforzar su frontera. Hay un párrafo especialmente significativo: "La inteligencia española informó al Gobierno Sánchez de que la sentencia del Supremo estaba generando problemas y que unas 200.000 personas estaban explorando activamente la posibilidad de dirigirse a Ceuta coincidiendo con el Día del Trono marroquí". Según el WSJ, Moncloa había sido advertida previamente de la magnitud del riesgo —200.000 personas interesadas— como de una fecha especialmente peligrosa y, aun así, no se reforzó suficientemente la frontera.
En medio de todo este rifirrafe político-institucional, hay que fijarse en el presidente de Ceuta, Juan Vivas, que deambula por radios y televisiones pidiendo ayuda al Gobierno, con bastante poco éxito hasta el momento. Y eso que su disposición no puede ser mejor: asuman ustedes el mando único, porque yo no puedo. Unas 10.000 personas salieron este domingo a la calle diciendo basta, mientras solicita centros de internamiento para migrantes y agilizar las expulsiones tras la llegada del 30 de julio. Y mientras, Italia y Dinamarca reclaman centros de deportación fuera de la Unión Europea y una Europa más dura con la inmigración. Ceuta ha tensionado el debate migratorio. El canciller alemán, Friedrich Merz, democristiano, presionado por el auge de los ultras de Alternativa por Alemania (AfD), también va a endurecer su política migratoria. Un nuevo rumbo europeo se dibuja en el horizonte.
