Si la Audiencia Nacional no rectifica su instrucción enviada este martes, el president Jordi Pujol deberá personarse el próximo lunes a las 9:30 horas para que sea reconocido por el médico forense y, en consecuencia, se decida si su proceso de evidente deterioro cognitivo es suficiente para que declare en el caso que se sigue contra él y sus siete hijos. No parece suficiente para el tribunal el informe de los forenses que se emitió al inicio del juicio y que alivió su situación procesal, ya que le ha permitido seguir el juicio desde su domicilio. Es evidente que si el acusado fuera otro, con su avanzada edad —el 8 de junio cumplirá 96 años—, su frágil estado de salud, sus dificultades de movilidad que le obligan a desplazarse con un caminador o una silla de ruedas, y su memoria quebradiza, se le hubiera eximido de comparecer en Alcalá de Henares. Pero Jordi Pujol i Soley no es, ni mucho menos, un procesado cualquiera. Es el indiscutible padre de la Catalunya moderna, el líder del nacionalismo catalán y la figura política más venerada por una parte muy mayoritaria de la sociedad catalana.
Eso le convierte en una personalidad singular y de ahí que, tras un juicio en que se han acabado desvaneciendo prácticamente todas las acusaciones que habían sentado a Jordi Pujol y a su familia en el banquillo, le quede al tribunal, como premio de consolación, el paseíllo del president entrando a la Audiencia Nacional. La venganza antes que la justicia y el escarnio por delante del sentido común. La hemeroteca siempre deja un rastro que vale la pena seguir. Es llamativo que el presidente del tribunal que juzga a la familia Pujol Ferrusola y nueve empresarios —el magistrado José Ricardo de Prada, de ideología progresista y miembro de la asociación Juezas y Jueces por la Democracia— no tuviera en 2016 ningún problema para aprobar, con los otros dos compañeros del tribunal, la suspensión de procedimiento contra el extesorero del PP Álvaro Lapuerta. El histórico hombre de la caja con José María Aznar en el Partido Popular estaba acusado de la actividad inicial de corrupción de la Gürtel entre 1999 y 2005, y fue eximido en septiembre de 2016 por la Audiencia Nacional de afrontar el juicio por su “demencia sobrevenida”. También se eximió de afrontar el juicio por cuestiones de salud a un empresario.
Es obvio que Jordi Pujol siempre ha enervado a lo que es el Estado profundo, ya que ha sido el único político catalán que, durante un período no menor, los ha tenido cogidos por donde más duele
O sea, que cuando ha habido que atender a razones humanitarias, se ha hecho. Pero es obvio que Jordi Pujol siempre ha enervado a lo que es el Estado profundo, ya que ha sido el único político catalán que, durante un período no menor, los ha tenido cogidos por donde más duele. Tuvieron que convivir con su poder político en Catalunya entre 1980 y 2003 y ver cómo su sombra en Madrid se hacía grande a partir de 1989, en que Felipe González perdió la mayoría absoluta, y gigantesca entre 1993 y el año 2000, en que Aznar obtuvo la mayoría absoluta. En aquellos siete años, Pujol llevó a González y sobre todo a Aznar a tantas renuncias políticas para sostener la identidad catalana que, sobre todo el segundo, aún supura su anticatalanismo por aquellos acuerdos que tuvo que firmar para llegar a la Moncloa y que se conocen como el pacto del Majestic. Aquel Pujol enano, habla castellano, que el PP tuvo que guardar en un cajón, dio paso en unas pocas semanas a confesar, para ganarse el perdón, que hablaba catalán en la intimidad. Todo eso escuece en Madrid y allí no se olvida.
Vamos a ver qué pasa el lunes y cómo acaba todo este disparate. Aquí nadie da puntada sin hilo y la citación para el 27 de abril, día de la Mare de Déu de Montserrat, patrona de Catalunya, no debe ser tampoco ninguna casualidad. Las televisiones tendrán el paseíllo, que parece ser la causa principal del viaje obligado a Madrid. El hecho de que en la providencia de la Audiencia Nacional se añada que el médico del tribunal estará presente durante el interrogatorio a Pujol es lo suficientemente confuso para pensar que el disparate aún puede ser mayor. Que el tribunal ya ha tomado la decisión de que no eximirá a Pujol de declarar. Espero que no se llegue a este extremo y que se mantengan las previsiones que se hicieron en su día después de que, en noviembre pasado, el president Pujol compareciera frente al tribunal de forma telemática, desde su casa, ante sus dificultades de movilidad, y a puerta cerrada. Aquella situación permitió pensar que ya no debería viajar a Madrid, pero no va a ser así.
Decía una escritora estadounidense que puedes tener justicia o puedes tener venganza, pero no ambas cosas. Y más allá del Ebro, cuando se trata de cuestiones relacionadas con catalanes y poder, suele haber mucho más de lo primero que de lo segundo.