La guerra entre Estados Unidos e Irán se ha convertido en mucho más que un conflicto regional. Mientras los combates entran en su tercer mes, un análisis de CNN señala que China observa de cerca cada movimiento del Pentágono para extraer lecciones clave de cara a un eventual enfrentamiento con Washington, especialmente en un escenario relacionado con Taiwán.
Expertos militares consultados por la cadena estadounidense consideran que Pekín estudia tanto los puntos fuertes como las vulnerabilidades mostradas por los sistemas militares de EE. UU. durante los combates en el golfo Pérsico. Uno de los aspectos que más preocupan a los estrategas chinos es la capacidad de Irán para poner a prueba defensas avanzadas estadounidenses con tecnología relativamente barata.
China apunta los errores y saca pecho de las ventajas
El excoronel de la Fuerza Aérea china Fu Qianshao considera que el principal aprendizaje para el Ejército Popular de Liberación es que ningún sistema defensivo es invulnerable. Según apunta, el uso de drones de bajo coste y misiles menos sofisticados ha evidenciado debilidades en sistemas antimisiles occidentales como el Patriot o el THAAD.
En los últimos años, China ha reforzado especialmente su capacidad ofensiva con misiles hipersónicos, drones y aviones furtivos de quinta generación. Algunos informes militares calculan que Pekín podría llegar a desplegar cerca de un millar de cazas J-20, considerados el equivalente chino de los F-35 norteamericanos. También trabaja en el desarrollo de un bombardero estratégico similar a los B-2 y B-21 de Estados Unidos.
Sin embargo, varios analistas alertan que el gigante asiático continúa teniendo dudas sobre la solidez de sus defensas ante un ataque masivo combinado. La guerra con Irán ha mostrado cómo los conflictos modernos combinan armamento sofisticado con tecnología barata pero altamente efectiva, especialmente en el ámbito de los drones.
Taiwán, en el punto de mira
Este escenario preocupa especialmente a Taiwán. Expertos de defensa taiwaneses alertan que China podría combinar misiles de largo alcance con enormes enjambres de drones en cualquier operación militar futura. Algunos estudios aseguran incluso que la industria china tendría capacidad para fabricar millones de drones armados anualmente adaptando fábricas civiles a producción militar.
La posibilidad de una guerra en el estrecho de Taiwán ha reforzado también los planes defensivos de Estados Unidos. El almirante Samuel Paparo, jefe del comando norteamericano en el Indo-Pacífico, ha defendido públicamente la idea de llenar la zona con miles de drones aéreos, marítimos y submarinos para dificultar cualquier avance chino hacia Taiwán.
Los estrategas militares remarcan que este tipo de guerra asimétrica puede alterar completamente los equilibrios tradicionales. Destruir un barco o un avión cargado de soldados con drones relativamente económicos puede convertir cualquier invasión en una operación extremadamente costosa.
Un factor que continúa jugando a favor de EE.UU.
Pero más allá de la tecnología, varios expertos recuerdan que existe un factor que continúa jugando a favor de Estados Unidos: la experiencia real en combate. El ejército chino no participa directamente en una guerra desde el conflicto con Vietnam en 1979, mientras que las fuerzas norteamericanas acumulan décadas de operaciones militares en Irak, Afganistán o los Balcanes.
Analistas internacionales también subrayan que la guerra de Irán deja otra lección fundamental para Pekín: las victorias militares no siempre garantizan resultados políticos. A pesar de los intensos bombardeos norteamericanos, el régimen iraní continúa operativo y mantiene capacidad para alterar rutas comerciales estratégicas como el estrecho de Ormuz.
Esta situación preocupa especialmente a China, una economía altamente dependiente del comercio internacional y de los flujos energéticos globales. Expertos en geopolítica advierten que cualquier conflicto sobre Taiwán podría tener consecuencias inmediatas sobre el comercio mundial, las cadenas de suministro y la estabilidad económica internacional.
Por eso, mientras la guerra en el Próximo Oriente continúa, Pekín continúa observando cada movimiento en el campo de batalla con un objetivo claro: entender cómo sería un eventual conflicto del futuro entre las dos grandes potencias mundiales.