Emmanuel Macron será, probablemente, recordado como un presidente taciturno y mediocre en Francia, cargo en el que lleva ya casi siete años. En su debe está el haber abierto las puertas de par en par a que la formación de ultraderecha de Marine Le Pen esté en condiciones de ganar las próximas elecciones presidenciales, que se celebrarán, si no se adelantan, entre abril y mayo de 2027. Macron no podrá presentarse, ya que tiene un mandato limitado y no puede buscar un tercer mandato consecutivo. Pero, con todas las dificultades de una mayoría casi ingobernable en la Asamblea Nacional, ha conseguido con enormes dificultades estabilizar el cargo de Sébastien Lecornu como primer ministro de Francia desde el 9 de septiembre de 2025, cuando nadie le daba ni una semana. Y ha ido ganando meses en el cargo, liderando un gobierno de perfil técnico con el objetivo de evitar nuevas elecciones.
Lecornu ha logrado sacar adelante los presupuestos para 2026, todo un balón de oxígeno para Macron, que consigue así evitar un nuevo adelanto electoral, como le reclaman la extrema derecha de Le Pen y la izquierdista La Francia Insumisa de Jean Luc Mélenchon. Con el patio interior algo más calmado, Macron se ha lanzado a una de sus viejas batallas: el impulso a la energía nuclear para evitar el colapso y la excesiva dependencia. Así, reunió este martes en París a cerca de una decena de jefes de Estado y de Gobierno para dar un impulso internacional a la energía nuclear, argumentando que es una forma de reducir la dependencia de los hidrocarburos, cuyos precios han aumentado por la guerra en Oriente Medio tras los ataques de Israel y Estados Unidos a Irán. En esta segunda Cumbre de la Energía Nuclear para usos civiles han participado mandatarios de Marruecos, Croacia, Armenia, Ruanda, Eslovaquia, Bulgaria, Bélgica, Ucrania y Grecia, así como de la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, y del director del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi. La reunión no contó con la participación de dos de las principales economías de la UE, Alemania y España, mientras que Estados Unidos y China optaron por enviar rangos de menor peso político.
Von der Leyen lamentó que Europa cometiese un error estratégico al alejarse de la energía nuclear, y adelantó que la Comisión Europea iba a movilizar 200 millones de euros para apoyar la inversión privada en tecnologías nucleares innovadoras
Llaman la atención las declaraciones de Von der Leyen, quien lamentó que Europa cometiese un error estratégico al alejarse de la energía nuclear, y adelantó que la Comisión Europea iba a movilizar 200 millones de euros para apoyar la inversión privada en tecnologías nucleares innovadoras. Es todo un volantazo de la Comisión, que coge, una vez más, con el paso cambiado a España y al gobierno de Pedro Sánchez. De hecho, su exministra y actualmente vicepresidenta primera para la Transición Limpia, Justa y Competitiva y comisaria de Competencia de la Comisión Europea ha sido literalmente pasada por encima por su jefa directa sin contemplación alguna, ausentándose incluso del pleno del Parlamento Europeo que debatía la cuestión. Como única respuesta, Ribera trató de auxiliar a Sánchez recordándole a la presidencia de la CE que no puede inmiscuirse en la política de cada estado.
Todo ello, por cierto, en medio de una guerra, con el precio del barril del petróleo disparado y con la luz en España alcanzando picos de subida importantes. La Comisión ha pedido este martes a los gobiernos europeos que reduzcan al mínimo el IVA y otros impuestos sobre la electricidad para abaratar de inmediato la factura, pero también ha llegado el momento de que España se aleje de dogmatismos del pasado y dé un paso decidido al frente por el mantenimiento de las nucleares. España cuenta con cinco centrales nucleares en funcionamiento (siete reactores: Almaraz I y II, Ascó I y II, Cofrents, Trillo y Vandellòs II), que producen más de una quinta parte de la electricidad del país. Aunque todas tienen un calendario de cierre escalonado entre 2027 y 2035, ha llegado el momento de levantar las restricciones y alinearse con el momento actual. El ejemplo francés es un buen modelo a seguir.
