Si bien es cierto que en el Barça, la confianza hacia la figura de Hansi Flick es y siempre va a ser máxima, en el club tienen claro que el alemán no va a ser eterno y que, con el paso del tiempo, su ciclo va a ir llegando a su final de forma natural y entendible. Es por todo esto que en las oficinas del Barça ya analizan las opciones qie tendrán de cara a 2028, cuando Flick espera retirarse para centrarse en su faceta como abuelo.
Y es que el técnico asturiano encaja en el perfil que busca la entidad azulgrana, cuenta experiencia, carácter y una idea de juego muy definida que podría continuar con el legado de Flick. Además, el hecho de que Cesc Fàbregas esté cada vez más cerca de otros proyectos, como el Arsenal, refuerza aún más esta opción en la dirección deportiva culé.
Una limpieza profunda desde el primer día
Si finalmente regresa al banquillo azulgrana, Luis Enrique no lo haría para mantener la estructura actual. Su intención sería llevar a cabo una renovación importante de la plantilla, con decisiones contundentes respecto de algunos jugadores de la actual plantilla.
Entre los jugadores que no entrarían en sus planes aparece Ferran Torres. El motivo sería su falta de regularidad de cara a gol, un aspecto clave para un entrenador que exige delanteros decisivos en el área, como en su momento lo fue Luis Suárez.
También genera dudas Frenkie de Jong. Según se ha contado, el neerlandés no ofrecería el nivel defensivo ni la intensidad que Luis Enrique considera imprescindibles en el centro del campo, especialmente en el rol de pivote. En su lugar, el proyecto apostaría por perfiles más adaptados a su idea de juego, como el joven Marc Bernal en el centro del campo, al que vería como una pieza clave para el futuro del club.
Cambios estructurales en defensa y mediocampo
La revolución no se quedaría ahí. En defensa, Ronald Araujo tampoco tendría asegurado su sitio en el equipo de Luis Enrique. La principal crítica estaría en su salida de balón, un aspecto que el técnico considera fundamental y que, como demostró en la eliminatoria de hace dos años en Champions, es una debilidad crucial.
La realidad es que Luis Enrique no suele hacer concesiones. Su estilo exige compromiso total, intensidad y una interpretación muy concreta del juego. Así pues, si se confirma su llegada en 2028, el Barça podría vivir una de las transformaciones más profundas de los últimos años. Un cambio de ciclo marcado por decisiones fuertes y una idea clara: reconstruir el equipo desde la exigencia máxima.
