Fernando Alonso analiza el presente de Aston Martin con una mirada que va más allá del rendimiento puro del monoplaza. En el entorno del equipo, donde buena parte del debate suele centrarse en la competitividad del coche, el piloto español identifica un problema que considera incluso más delicado que cualquier déficit técnico. La preocupación no se limita a la aerodinámica ni al motor de Honda.
Dentro de la estructura, Alonso entiende que la solidez de un proyecto competitivo no depende únicamente del coche, sino también de la fortaleza de la alineación de pilotos. En la élite de la Fórmula 1, la aportación del segundo piloto resulta estratégica tanto en pista como en el desarrollo del monoplaza. Es en ese punto donde emergen las mayores dudas.
La figura del compañero de equipo
La percepción que rodea a Lance Stroll genera interrogantes persistentes. Alonso considera que el nivel del canadiense no alcanza el estándar que exige una estructura con aspiraciones de luchar en la zona alta. La sensación es la de un piloto que no ofrece el respaldo esperado en términos de consistencia y evolución técnica. El papel de un compañero competitivo trasciende los resultados individuales. En equipos punteros, ambos pilotos contribuyen de forma activa al desarrollo del coche, aportan información valiosa y aceleran la evolución del paquete de mejoras. La lectura crítica dentro del entorno de Alonso apunta a que Stroll no representa una referencia sólida en ese ámbito. Alonso está solo.
Además, el contexto particular del equipo añade un matiz inevitable. La presencia de Stroll, hijo del máximo accionista de la escudería, siempre ha estado acompañada de un debate recurrente en el paddock. La continuidad del canadiense se percibe vinculada a factores estructurales que van más allá de la meritocracia estrictamente deportiva.
Un impacto directo en la competitividad
Desde la óptica de Alonso, la falta de un escudero plenamente competitivo puede condicionar seriamente las aspiraciones del equipo. La lucha estratégica en carrera, la gestión de puntos y la presión sobre rivales directos requieren dos pilotos capaces de operar al máximo nivel. Cuando uno de los asientos no ofrece ese rendimiento, el impacto colectivo resulta inevitable. El asturiano considera que esta debilidad pesa incluso más que ciertas limitaciones del monoplaza. En un campeonato donde cada detalle define resultados, la aportación conjunta de los pilotos constituye un activo crítico. La competitividad no se construye únicamente en el túnel de viento, sino también en el garaje.
Aston Martin mantiene su ambición de acercarse a la élite. Para Alonso, sin embargo, el desafío no es exclusivamente técnico. La fortaleza del equipo, en su lectura, también pasa por garantizar un nivel homogéneo en ambos lados del box.
