La situación de Fede Valverde sigue generando malestar en el Real Madrid y amenaza con convertirse en un dolor de cabeza para Álvaro Arbeloa, igual que ya lo fue para Xabi Alonso. El centrocampista uruguayo no tiene intención de modificar su actitud si el club y el cuerpo técnico no acceden a su exigencia de dejar de jugar como lateral de manera definitiva.
Valverde está harto. Así lo perciben en el vestuario y así lo transmiten fuentes cercanas al entorno. Considera que su rendimiento ha sido recompensado con el rol que cree merecer. Para él, su sitio está en el centro del campo, donde siente que puede marcar diferencias y rendir al máximo nivel. Cualquier otro encaje lo vive como un parche que perjudica a su carrera y no le permite ser un top mundial como él quiere ser.
El mismo conflicto que con Xabi Alonso
El problema no es nuevo. Con Xabi Alonso ya hubo fricciones importantes por este mismo motivo. Valverde aceptó durante un tiempo actuar como lateral por necesidades del equipo, pero lo hizo a regañadientes y con malas caras. Con el paso de los meses, esa incomodidad se transformó en frustración y, finalmente, en una actitud negativa sobre el césped.
Ahora, con la llegada de Arbeloa, el uruguayo no piensa volver a pasar por lo mismo. Parece claro que no correrá ni se vaciará si no juega donde considera que debe jugar. Se trata una postura firme que, ante la plaga de lesiones en la posición de lateral diestro, obligará a Arbeloa a gestionar esto muy bien si quiere tener al mejor Valverde.
Arbeloa, ante su primera gran prueba
Para Arbeloa, el caso Valverde es una prueba de autoridad. El nuevo técnico se encuentra con un vestuario complejo y con jugadores que vienen de cuestionar abiertamente al anterior entrenador. En este contexto, gestionar a un futbolista del peso de Valverde no será sencillo. El uruguayo no es un jugador más, se trata de un capitán y el entrenador no se puede permitir que de buenas a primeras ya se le ponga en su contra.
La realidad es que Fede Valverde no está dispuesto a pasar por lo mismo. Ya chocó con Xabi Alonso por este motivo y no le importará volver a hacerlo. Su postura es inamovible, centro del campo o desconexión. Y esa es una bomba de relojería que Arbeloa deberá desactivar cuanto antes si no quiere que el vestuario vuelva a romperse desde dentro.
