Mikel Oyarzabal ha pasado de ser una opción muy valorada en el Barça a convertirse en un problema para Deco. El delantero de la Real Sociedad gustaba dentro del club por su su facilidad para encajar con jugadores como Lamine Yamal y Pedri, que veían en él un socio ideal para mejorar la circulación ofensiva.
Deco lo tenía marcado como una alternativa muy seria si no avanzaba la operación de Julián Álvarez. No era una apuesta improvisada, sino un perfil considerado fiable, con experiencia, gol, trabajo sin balón y conocimiento perfecto de LaLiga. Sin embargo, el gran obstáculo no está en el precio ni en la competencia de otros clubes, sino en la voluntad del propio jugador.
Oyarzabal no plantea moverse
Oyarzabal ha sido tajante a la hora de hablar sobre su futuro. El atacante entiende el atractivo que puede tener una llamada del Barça, pero no parece dispuesto a abandonar la Real Sociedad solo por cambiar de escaparate. En su entorno insisten en que está cómodo, que se siente importante y que no tiene la necesidad de forzar una salida para demostrar nada ahora.
Esa postura ha enfriado por completo las expectativas del Barça. Deco pensaba que el interés azulgrana podía ser suficiente para abrir una negociación, pero se ha encontrado con una respuesta mucho más firme de lo previsto. Oyarzabal no se deja seducir por el ruido, ni por la posibilidad de jugar junto a varios campeones, ni por la presión mediática.
Un plan que se complica
Para Lamine y Pedri, su llegada tenía sentido futbolístico. Oyarzabal no es un delantero que viva solo del remate, sino un atacante que interpreta bien los espacios, descarga de cara, aparece en zonas interiores y puede dar continuidad a las jugadas. Precisamente por eso encajaba en la idea de reforzar el ataque sin romper el equilibrio del equipo, una cualidad que el cuerpo técnico considera clave para sostener el plan ofensivo durante todo el curso en los partidos de máxima exigencia.
El problema es que el Barça no puede esperar eternamente. Julián Álvarez sigue siendo el gran deseo, pero su salida es muy complicada, y Oyarzabal, que aparecía como una vía más realista, ha dejado claro que también puede decir que no. Deco deberá buscar otra solución, porque esta vez el nombre gustaba, el encaje convencía, pero el futbolista no quiere vestir de azulgrana bajo ninguna condición.
