Lamine Yamal ha regresado al trabajo con una responsabilidad mucho mayor que hace un año. Después de proclamarse campeón del mundo y asumir el papel de gran estrella del Barça, Hansi Flick quiere aprovechar esta temporada para exigirle un salto en todos los sentidos. Ya no basta con desequilibrar desde la derecha, ahora deberá liderar, trabajar más y participar en el juego colectivo.
El mensaje del técnico será directo desde los primeros entrenamientos. Flick quiere un Lamine más constante en la presión, más atento cuando el equipo pierde el balón y preparado para asumir esfuerzos que antes podían repartirse entre compañeros con mayor experiencia. El Barça inicia un ciclo con nuevos liderazgos y el extremo pasa a formar parte del grupo que debe marcar el nivel competitivo.
Flick le pide más trabajo sin balón
La primera exigencia estará relacionada con la actitud defensiva. Lamine seguirá teniendo libertad para reservar energía en determinados momentos, pero Flick no quiere que eso se traduzca en desconexión siempre que le equipo defienda. Deberá cerrar líneas de pase, acompañar la presión y reaccionar inmediatamente después de cada pérdida. Ser la referencia ofensiva también implica asumir responsabilidades cuando el equipo no tiene la pelota.
El segundo cambio será táctico. Aunque su posición principal continuará siendo la banda derecha, Hansi Flick quiere que esté abierto a aparecer con más frecuencia por dentro. Lamine ya ha reconocido que en el futuro se imagina jugando en posiciones centrales y el cuerpo técnico puede acelerar parcialmente esa evolución, especialmente en partidos donde necesite recibir más cerca del área y participar entre líneas.
El Barça quiere construir el ataque alrededor de él
Moverse hacia el centro no significa convertirlo inmediatamente en falso nueve. La idea pasa por darle mayor libertad para abandonar la banda, intercambiar posiciones y atacar zonas de remate. Desde allí podría combinar con Pedri, Dani Olmo y el nueve de turno, además de obligar a los centrales rivales a salir de posición. Flick considera que cuanto más imprevisible sea, más difícil será reducir su influencia.
La temporada será una prueba de madurez. Lamine vuelve como campeón del mundo, pero Flick quiere evitar que el éxito reduzca su exigencia. Tendrá que trabajar más, aceptar nuevas funciones y entender que muchos partidos se decidirán según su capacidad para liderar. El Barça ya no lo contempla únicamente como el joven que rompe encuentros desde una banda, sino como el futbolista alrededor del cual debe evolucionar el ataque. El siguiente paso será demostrar que puede asumir esa responsabilidad sin perder la espontaneidad que lo convirtió en diferencial.
